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Octubre 2020 - San Dionisio y sus compañeros

San Dionisio y sus compañeros

Muerto hacia el 250

Fiesta: 9 de octubre

Según San Gregorio de Tours en el sexto siglo, Dionisio, el primer obispo de París, fue martirizado junto con Rústicus, un sacerdote, y Eleuterio, un diácono. Dionisio, nacido italiano, y varios otros obispos fueron enviados por el papa para evangelizar la Galia (Francia). Dionisio y sus compañeros lograron difundir el evangelio desde una isla en Seine, pero fueron arrestados durante una persecución por el Emperador romano Decius. Luego de un largo encarcelamiento, fueron decapitados y arrojados al río. Sus restos fueron recuperados y enterrados; una capilla construida sobre sus tumbas fue reemplazada por la Abadía de San Dionisio, ahora una basílica en un suburbio del norte de París. Dionisio es uno de los santos patrones de Francia, y de aquellos que sufren posesiones y dolores de cabeza.

 Noroeste Católico - Octubre 2020

Construyendo una cultura de vida

Como católicos, alabamos a Dios por su genio creativo. Proclamamos que toda vida es buena y que cada vida humana es muy buena. Cada vida humana, desde el momento de la concepción, es un signo de la libre decisión de Dios de traer al mundo una nueva vida. La decisión es de Dios. Dios elige. Dios elige amar. Dios elige la vida.

Un diccionario católico para la planificación pastoral

Al iniciar una fase más pública del proceso de planificación pastoral de la arquidiócesis, deseo revisar la terminología. Esto podrá parecer básico, pero es importante que, cuando escuchamos ciertas palabras, utilicemos definiciones comunes.

Un llamado a abordar el racismo en nuestros corazones y en nuestras comunidades

Los obispos católicos de Estados Unidos emitieron recientemente una carta pastoral en contra del racismo, titulada: Abramos nuestros corazones: El incesante llamado al amor. En esta instrucción, llamamos a una conversión de nuestros corazones, mentes e instituciones para enfrentar los males del racismo que todavía existen en nuestro país y en nuestras comunidades. Como escribimos en la carta:


“El racismo ocurre porque la persona ignora la verdad fundamental de que, al compartir todos los seres humanos un origen común, todos son hermanos y hermanas, todos igualmente hechos a imagen de Dios. Cuando se pasa por alto esta verdad, la consecuencia es el prejuicio y el temor al otro y, con demasiada frecuencia, el odio.”


El homicidio de George Floyd en Minnesota el lunes, 25 de mayo, fue muy traumático y espantoso. Deseo reconocer la ira, el dolor y la tristeza que estos y otros encuentros entre oficiales de la policía y hombres de raza negra evocan no solo en Minnesota, sino en todo el país y en nuestra propia familia de fe.


Estas muertes son trágicas, y dejan al descubierto una conexión sintomática y profundamente arraigada entre el racismo institucional y la continua erosión de la santidad de la vida. Si nosotros no respondemos apropiadamente como sociedad, estaremos tácitamente consintiendo la matanza continua de hombres de raza negra desarmados. La matanza insensata desafía los principios fundamentales de justicia, toda noción de dignidad y el hecho de que todas nuestras vidas están conectadas. Como seres humanos, somos responsables los unos delos otros.


Como bien lo expresó la Jefa del Departamento de Policía de Seattle, Carmen Best, en su declaración al SPD el 27 de mayo: “ser policía es una profesión honorable llena de servidores públicos honorables, comprometidos a proteger la vida y a servir a la comunidad”. La jefa de policía también manifestó a sus oficiales que, si ellos observan a un compañero hacer algo que no es seguro, que no sigue las políticas, que es inaceptable o ilegal, necesitan actuar, y que, si la vida de alguien está en peligro innecesario, es su responsabilidad intervenir.


Como católicos, estamos llamados a tener los mismos parámetros de comportamiento. No podemos quedarnos inmóviles y no responder a incidentes de racismo y al trato inhumano de nuestros hermanos y hermanas de raza negra, ni de ninguna persona.

Ya sean ciudadanos u oficiales de la ley, todos somos parte de una comunidad que es responsable de cuidar unos de otros. Nuestra longeva doctrina social cristiana acerca del bien común no pide menos de cualquiera de nosotros.

El hecho de que fuimos creados a imagen de Dios nos enseña que cada persona es una expresión viva de Dios que debe ser respetada y preservada y nunca deshonrada. Continuemos orando y trabajando juntos por la conversión personal y social necesaria para enfrentar el mal del racismo.

 

Noroeste Católico –  Julio/Agosto 2020