Construyendo juntos el reino de Dios

Foto: Stephen Brashear Foto: Stephen Brashear

Al iniciar este tiempo como su arzobispo, estoy muy agradecido por la cálida acogida que he recibido. En verdad estoy disfrutando mis recorridos por la arquidiócesis, conociendo a tantas personas y familiarizándome con nuestras parroquias y comunidades. Por favor sean pacientes conmigo mientras aprendo nuestra historia y tengan la bondad de seguir orando por mí para que siempre pueda estar abierto a las mociones e inspiraciones del Espíritu Santo, mientras trabajamos juntos en discernir, definir y cumplir la misión que nos encomienda Cristo, el Buen Pastor.

Nuestra misión: La gran encomienda

Quisiera llamar nuestra atención al Señor Jesús y la gran misión que encomienda a sus Apóstoles tras la Resurrección, justo antes de ascender al cielo. Les dijo, “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mateo 28,19)

El Evangelio según Sn. Marcos presenta una versión un poco distinta de esta encomienda: “Vayan al mundo entero y proclamen la buena nueva a todas las criaturas”. (Marcos 16,15)

Sn. Lucas presenta a Jesús indicando a los Apóstoles que proclamen al mundo lo que ellos mismos han atestiguado, es decir, que el Mesías padeció, murió y resucitó de entre los muertos y que el arrepentimiento para el perdón de los pecados debería ser predicado a todas las naciones en su nombre. (Cf Lucas 24,44-49)

Amigos míos, esto puede parecer elemental, pero a veces necesitamos enfocarnos en lo básico, para asegurarnos de que todo lo demás tiene la prioridad correcta y de que toda nuestra actividad esté dirigida hacia nuestra misión esencial.

¡Proclamar la Buena Nueva! ¿Sabemos en qué consiste esa Buena Nueva? Mejor aún, ¿sabemos quién es esa buena nueva? Si no, ¡no podemos proclamarla! No estamos cumpliendo con la misión. La Buena Nueva — el Evangelio — es la persona de Jesús.

La importancia de la comunidad

¡Los Hechos de los Apóstoles nos muestran cómo debemos llevar a cabo la gran encomienda de Jesús en comunidad! “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.” (Hechos 2,42)

Al comenzar nuestro tiempo juntos, debemos tener claro el trabajo que Jesús nos ha encomendado. Debemos también reconocer la importancia de la comunidad. No solo en un nivel humano fundamental, sino en especial en la práctica y la transmisión de la fe.

Una de mis principales preocupaciones — no solo en nuestra arquidiócesis, sino de la gente por doquier — es la falta de comunidad. Vivir en la soledad como individuos no es vida católica. El aislamiento es dañino para nuestras parroquias, nuestras escuelas y nuestro pueblo. Los católicos viven en comunidad unos con otros.

En tanto que la tecnología nos ofrece grandes beneficios, también hay claros efectos negativos que conducen a la soledad y a la desconexión. Las estructuras culturales que alguna vez fomentaron la comunidad están quedando de lado con rapidez. En vez de vecindarios donde cada hogar tenía un porche frontal, tenemos ahora edificios elevados y comunidades enrejadas.

La gente necesita de una comunidad auténtica. Podemos hacerlo… juntos. Tengamos la intención de traer a Cristo a cada nivel de nuestras vidas, desde nuestras amistades hasta nuestros matrimonios, nuestras familias, nuestras parroquias y nuestras comunidades extendidas.

Como individuos, tenemos mucho que ganar al volvernos miembros activos de nuestras parroquias. Tenemos mucho que ofrecernos unos a otros. En especial, el apoyo para vivir y expresar nuestra fe. Una de las formas más grandes de hacer comunidad hunde sus raíces en el Tercer Mandamiento, santificar las fiestas. Es importante que nos congreguemos cada domingo para celebrar la Eucaristía y nutrirnos y fortalecernos en la vida de Cristo a través de su Palabra, su Cuerpo y su Sangre.

Es para mí un placer unirme a ustedes en esta gran misión de proclamar a Jesucristo ante el mundo y junto con ustedes, fortalecer los lazos de comunión que nos unen en el cuerpo de Cristo.

Read the English version of this column.

Northwest Catholic - October 2019