¿De qué tenemos miedo?

El Adviento nos enseña que el Señor está cerca — y calma nuestros miedos

Con pena debo decir que solía tener miedo del "Sr. Bingle". En los años ’50s, durante la época de compras navideñas la tienda Lowenstein presentaba a su pequeño hombre de las nieves títere, con su aguda voz incitando a los niños y niñas a adquirir el más nuevo juguete. Por alguna razón éste títere me asustaba.

Archbishop J. Peter SartainQuizá era porque niños más grandes hablaban de la película del Abominable Hombre de las Nieves que habían visto. Yo no sabía lo que significaba "abominable", pero sonaba suficientemente aterrador como para mantenerme a distancia.

Hace algunos años, en el Día de Acción de Gracias, el periódico de Memphis publicó un artículo sobre el "Sr. Bingle", y una de mis hermanas me recordó cuánto miedo le tenía cuando aparecía en le televisión — como si necesitara que me lo recordaran.

Cuando era niño también tenía miedo de irme a dormir solo a mi cuarto. La solución fue dejar la puerta abierta para que la luz del pasillo brillara hasta mi cama y al mismo tiempo oir las voces de mis familiares y el ruido de la televisión. Así no me sentía solo, y me dormía rápidamente. Me hacía sentir seguro saber que alguien estaba cerca, aunque ninguno estuviera conmigo en mi cuarto. La familia estaba cerca.

Alguien está cerca
Casi todos hemos superado infundados miedos infantiles con sólo saber que alguien está cerca para protegernos de cualquier daño. Ese alguien era real y en cambio nuestros miedos no.

Al crecer, algunos miedos irracionales todavía nos inquietan — el miedo a quedarnos solos, el pensar que nadie nota nuestras luchas; la pura especulación nos enloquece, preocupándonos qué cosas impensables e improbables puedan ocurrir; recuerdos de errores del pasado vuelven a nuestras cabezas y los dolorosos "y si hubiera" corroen nuestras consciencias.

Por supuesto que no todas nuestras ansiedades son irracionales. Sabemos de sobra que la vida tiene muchos peligros y desilusiones, trampas y tragedias. Esos no son fantasmas de nuestra imaginación y pueden amenazar nuestra paz mental.

Cualquiera que sea la causa de nuestras aprehensiones  — reales o imaginarias — siempre ayuda saber que alguien está cerca. Tener familiares y amigos cerca y sentir su apoyo, ánimo, aliviana nuestra carga y encontramos la fuerza para seguir adelante.

De manera parecida aunque distinta, el Adviento nos enseña que alguien está cerca.

"¡El Reino de los cielos está cerca!" anuncia Juan el Bautista. (Mateo 3)

"Díganle a los corazones temerosos: ¡Sean fuertes, no tengan miedo! Aquí está tu Dios, llega para salvarlos … el llanto y el dolor desaparecerán". (Isaías 35)

"Manténganse firmes porque el Señor está cerca". (Santiago 5)

"No tengas miedo de recibir a María como esposa," le dice el ángel al confundido y sobresaltado José durante el sueño. "Es por el Espíritu Santo que ese niño ha sido concebido en su vientre". (Mateo 1)

"Vayan y díganle a Juan lo que ven y oyen," les dice Jesús a los seguidores de Juan el Bautista. "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena nueva". (Mateo 11)

Vean, escuchen y recíbanlo
Qué significa esta cercanía de Dios para nosotros?

Significa que no estamos ni estaremos nunca solos. Significa que todo lo que nos asusta — racional o irracional, real o ficticio — está bajo la atenta mirada de Dios. Significa que su plan sigue adelante, aunque no seamos capaces de verlo. Significa que no hay dificultad, peligro o pecado que Jesús no haya derrotado con su muerte y resurrección. Significa que en él salimos vencedores en todo. Significa que no hay motivos para tener miedo.

Pero también significa que tenemos que estar atentos a su cercanía. Si nuestro Dios llega para salvarnos, si el reino de Dios está cerca, si la presencia de Dios está por doquiera, tenemos que notarlo y por lo mismo nuestras vidas no pueden ser iguales a que si no lo pudiéramos encontrar por ningún lado.

No es cuestión de que nuestra conducta sea diferente porque no tenemos miedo, como niños juguetones cuando el maestro no está en el salón. Por el contrario nuestra conducta cambia porque vemos al Señor, lo escuchamos, lo reconocemos, lo acogemos.

Fué gracias a su atención a la cercanía de Dios lo que permitió a María y José no esconderse llenos de miedo y confusión ante las sorpresivas (diría irracionales) circunstancias, y les permitió en cambio confiar sus vidas en las manos de Dios diciendo: "Hágase según tu voluntad".

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

NOROESTE CATÓLICO – diciembre 2013

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

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