Jesús te está buscando. Sí, a ti.

Carta abierta a todos los necesitados de la misericordia de Dios (es decir, todos nosotros)

 

Arzobispo Sartain

Querido amigo,
Por razones que probablemente sólo tú conoces, decidiste que no eres digno de la misericordia de Dios. He pensado mucho en ti últimamente, y me he sentido fuertemente impulsado a escribirte algunas palabras de esperanza. ¡No tengas miedo! Tú eres precisamente a quien Jesús ha estado buscando
para decirte, “Tus pecados te son perdonados”.

No es raro que la gente llegue a momentos cruciales en su vida, debido a un hecho particular, ver el sufrimiento de otro, el nacimiento de un niño, el paso de los años, un momento especial en que se dicen a sí mismos, “He fallado, y debo vivir mi vida de modo diferente de aquí en adelante”.

Se preguntan apesadumbrados. ¿Me perdonará Dios? No merezco su amor. He desperdiciado demasiados años. ¿Es demasiado tarde para empezar de nuevo? ¿Me verá Dios con sospecha preguntándose si lo digo en serio? ¿Y los que he herido? ¿Me perdonarán? ¿Cómo repararé lo que les he hecho? ¿Y si fallo de nuevo?

Si eres uno de estos, te lo digo de nuevo: ¡No tengas miedo! Tú eres precisamente a quien Jesús ha estado buscando para decirte, “Tus pecados te son perdonados”.

‘Que miserable soy’
Lamentos, vergüenza, pena y dolor son emociones humanas desatadas muy poderosas cuando nos damos cuenta que fallamos y hemos dañado a otros. Esas emociones pueden ser de gran ayuda — hasta para sanarnos — si las ponemos ante la luz del amor de Dios. También nos pueden paralizar si pensamos que estamos condenados a acarrear con ellas por el resto de nuestras vidas.

Jesús centró su atención en aquellos paralizados por las cargas de la vida — pecadores, enfermos, débiles de fe, miedosos y desesperados. El mismo dijo que para estos — los extraviados — su Padre lo había enviado. Piénsalo de esta manera: Si tú hubieras estado entre la muchedumbre cuando Jesús iba pasando, seguramente te hubiera notado.

Te preguntarás: ¿Me hubiera notado porque se me nota la culpa en la cara? ¿Se preguntaría qué estaba haciendo yo entre toda esa gente buena? Me habría dicho, “¿Regresa cuando ya estés limpio, cuando hayas puesto tu casa en orden?”

¿Por qué te habría notado Jesús? Porque te ama. Porque lo necesitas. Porque quiere que aceptes el regalo de su perdón. Porque quiere que estés con Él eternamente.

Lee los capítulos siete y ocho de la carta de San Pablo a los Romanos. Pablo describe dolorosamente su frustración consigo mismo. “No entiendo lo que hago. Porque no hago lo quiero y hago lo que no quiero” . (Romanos 7:15)  Podemos ver la confusión que experimenta al ver que su pecaminosidad lo expone. “¡Que miserable soy! Quien me librará de este cuerpo mortal? Doy gracias a Dios en Cristo Jesús nuestro Señor”.  (Romanos 7:24-25)

Deja que Dios sea tu fuerza
El hecho de darte cuenta de tu pecado y querer cambiar es ya un signo de que Dios está trabajando en ti. Dile que lo sientes. Abandónate en sus brazos. Confía en su misericordia. La misericordia de Dios es un regalo. No lo podemos ganar. Nadie lo merece, pero nos perdona de todos modos. Dios envió a su Hijo para buscar a los descarriados y llevarlos de regreso. Se duele porque goces de su paz en su morada. Mira su rostro y no verás castigo, verás sólo misericordia.

Sí, quizá algunos cambios serán necesarios en tu vida. El regalo del perdón de Jesús iba siempre acompañado de su desafiante “no peques más”. Quizá vuelvas a fallar. Es mucho mejor dejar tus debilidades en Dios a sabiendas de tu pecado y su misericordia que quedarte a la distancia de la muchedumbre temiendo que tú no seas uno de los que Él anda buscando. Es mejor dejar que Dios sea tu fortaleza que pensar que puedes tu solo.

Esto es sólo una parte de lo que quisiera decirte. Ve con tu párroco y dile que estás buscando el perdón de Dios. Acude a la confesión, sino es que ya lo hiciste. Descarga tu corazón y déjalo que te diga el resto de la historia del amor de Dios.

Y no olvides: Tú eres precisamente a quien Jesús ha estado buscando para decirte, “Tus pecados te son perdonados”. Quédate en paz. Nunca es tarde para empezar de nuevo. Puedes vivir el resto de tu vida en gratitud.

Tu amigo en Cristo,
Arzobispo Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

NOROESTE CATÓLICO – marzo 2014

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

Website: www.seattlearchdiocese.org