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Aun en tiempos de transición, nunca estás solo

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Querida Generación 2019:

Ya sea que estén ustedes por graduarse de la preparatoria, la universidad, el posgrado o la escuela de medicina, se encuentran en un estado de transición. Y las transiciones pueden desorientar.

Si alguna vez se han mudado a una ciudad nueva o incluso a un barrio nuevo en la misma ciudad, saben lo que significa sentirse un poco perdidos en territorio desconocido. Esto puede resultar simple, pero acostumbrarse a un nuevo ambiente puede hacernos sentir desorientados también de otras formas. Puede sacarnos de balance. En esta etapa de sus vidas, es importante no solo prepararse para la siguiente etapa, sino también prepararse para ser desorientados.

Todos tenemos puntos de referencia para aspectos variados de la vida. Se integran a nosotros como un mapa de ruta físico y emocional. Tenemos un punto de referencia para los sitios que frecuentamos, para las veces que nos toma completar ciertas tareas, para la cantidad de dinero que gastamos en esto o aquello, para las opiniones políticas y las decisiones electorales, para el bien y el mal. Tenemos puntos de referencia para el apoyo emocional y el consejo — familia, amigos, consejeros — y cuando cambiamos a un lugar nuevo, nos sentimos con frecuencia solos y a la deriva.

La Biblia menciona con frecuencia el “corazón” humano, refiriéndose a aquello que me hace “yo mismo”, mi ser más profundo, mis valores, mis estándares, mis amores, mis puntos de referencia. Mi “corazón” es donde se enfocan mi mente y mi voluntad; es la fuente de mis pensamientos, deseos y actos. Mi “corazón” se expresa en la forma como me relaciono con Dios, vivo mi vida, empleo mi tiempo, trato a los demás y uso mis palabras.

Lo más importante, mi corazón siempre está en busca de Dios, sin importar donde viva, sin importar la etapa de la vida en que me encuentre, sin importar lo desorientado que pueda sentirme ahora. Esto tiene sentido porque Dios siempre busca mi corazón.

Jesús nos dice, “Su boca habla de lo que rebosa el corazón.” (Lucas 6,45)

Lo que yo diga — en especial lo que me escuche decir automáticamente, sin pensar — suele brotar de lo que está guardado en mi corazón, la “plenitud” de mi corazón. De hecho, lo que yo haya elegido para nutrir mi corazón se convierte en mi punto de referencia para casi todo.

Uno de los antiguos maestros de la santidad, Abba Poemen, dijo una vez, “No entregues tu corazón a aquello que no satisfaga tu corazón”. Si entregamos nuestros corazones a conversaciones malsanas, y a relaciones y entretenimiento en internet — comida chatarra — que no tiene la capacidad de nutrirnos, entonces termina almacenándose en nuestros corazones dejándonos secos, desorientados y perdidos. Nos dejará desnutridos de las formas más serias.

La buena noticia que Jesús ofrece es que existe otra forma de sustento disponible, el sustento que es un don de Dios, el sustento que podemos almacenar en nuestros corazones y que nos ayudará a trasladarnos del resentimiento a la paz, de la culpa a la libertad, del juicio a la compasión, de la desorientación a la paz y a la dirección. Podemos llegar allá desde acá y, ya sea que eso suceda o no, será cuestión de nuestra cooperación con el amor y la gracia de Dios. Pero primero, debemos examinar el sustento que elegimos para nuestros corazones.

Necesitamos el sustento que Dios nos da porque resulta incluso más esencial que el alimento que consumimos. Al alimentarse nuestros corazones con el sustento de Dios, su camino se vuelve “la plenitud de nuestros corazones” y nuestros puntos de referencia pasan gradualmente de ser nuestros a ser suyos. Pero, esta transformación no sucederá, a menos que nos nutramos de aquello que puede en verdad satisfacernos.

En esta etapa de transición y desorientación en su vida, no se olviden de aferrarse a Jesús, a la oración, a la Biblia, a la Misa del domingo y a los sacramentos, así como a amigos que apoyen su deseo de tener un corazón lleno de la dirección pacífica de Dios.

Si la lente principal a través de la que uno ve el mundo es la cultura popular, este tiempo de transición es la oportunidad para obtener lentes nuevas: los ojos de Dios, la sabiduría de Dios, la Ley de Dios, el Evangelio de Jesús, la mirada de Dios. Llenando mi corazón de la Palabra de Dios, profundizando la capacidad de mi corazón mediante la oración, encontraré poco a poco que no me siento ni perdido ni solo, sino en paz bajo la mirada amorosa de Dios.

Al graduarse, dan un paso adelante en su vida, ¡no olviden que siempre están a la vista de Dios! Sn. Juan Pablo II dijo a los participantes de la Jornada Mundial de la Juventud 2004, “Quien se acerca a Jesús con un corazón libre de prejuicios puede llegar más fácilmente a la fe, pues ha sido Jesús mismo quien le ha visto y amado antes…  ¡Para ver a Jesús, es necesario ante todo dejarse guiar por él!

“Ya sea que seamos o conscientes o no, Dios nos ha creado porque nos ama para que por nuestra parte le amemos”.

Es esta la razón de la sed insaciable de Dios que yace en lo profundo del corazón de cada persona, ¡aun en los corazones de quienes no creen en Dios!

Amigos míos, al dar este siguiente paso, sea el que estén dando, recuerden vivir de un corazón abundante de fe y bondad y verdad y amor y misericordia, un corazón abundante de Dios mismo. Pueden comenzar a vivir desde el corazón de Jesús, y Él nunca los abandonará. ¡Cuenten con mis oraciones!

Sinceramente en Cristo,

Arzobispo Peter Sartain

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Noroeste Católico - Junio 2019

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

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