Oren para que más obreros se unan a la cosecha

“Vivir significa ser deseados y amados por Dios, momento tras momento”. (Perfectae caritatis, decreto del Vaticano II sobre la Vida Consagrada)

Archbishop J. Peter SartainDe todas las formas que uno pudiera definir la vida humana, esa breve y  asombrosa declaración lo dice todo. Me pregunto qué clase de definición cada uno de nosotros escribiríamos si pudiéramos definir “vivir". Sospecho que muchos de nosotros comenzaríamos diciendo, “Vivir significa...” Nuestras definiciones continuarían con una lista de cosas que “yo” lograría, sentiría, pensaría, sabría, haría.

Pero la definición verdadera no comienza con cualquier cosa que “yo” ponga como una meta para mí mismo. Más bien, comienza con reconocer que la única razón por la que estoy vivo es que soy “deseado y amado por Dios”. Deseando y amándome, Dios me trajo a la existencia y me sustenta. No soy ni la fuente ni la meta de mi vida. Soy alguien que es deseado y amado por Dios, momento tras  momento, y por eso estoy vivo. ¡Mi existencia es prueba de que Dios existe!

Para la mayoría de nosotros, tomar en serio esa definición significa dejar que suceda una revolución  en nuestros corazones. Si la razón por la que estoy vivo es que soy deseo de Dios, un pensamiento de Dios, del Dios amado, un objeto del favor de Dios, entonces alimentar una relación con Dios me trae aun más a la vida. Haciéndome el centro, el punto de todo, sólo me disminuye. El marido o la esposa egocéntricos rápidamente envenenan un matrimonio.

Es una ironía revolucionaria del Evangelio que en olvidarme a mí mismo me encuentre a mí mismo, que al rendirme a Dios como su instrumento, cobre vida. Esa lógica al revés está al centro de las Bienaventuranzas, y es enfatizada por los cuatro Evangelios como clave para la enseñanza de Jesús: "Quien pierda su vida por mí la salvará. ¿Qué provecho hay en ganarse todo el mundo pero perderse?” (Lucas 9, 24-25)

Un obstáculo para la consideración seria de la vocación religiosa para algunos hoy es que empiezan su discernimiento preguntando, "¿Debo hacer esto?” En otras palabras, algunos abordan la vocación como lo harían en un cambio de carrera, cuando, de hecho, tiene mucho más que ver con la voluntad de dar el salto a los brazos de Dios. Tiene que ver con rendirse a la verdad – aunque no la comprenda completamente – que no importa lo que ya haya logrado, la razón por la que vivo es porque soy deseado y amado por Dios.

"¿Me llama Dios?” Esa es la pregunta correcta a preguntarse al contemplar la vocación. Discernir mi vocación dejándome definir por el deseo y el amor de Dios por mí, querer convertirme en  imagen del amor y deseo de Dios para todo el mundo. En esta época de “realización personal”, no es cosa fácil, pero eso es precisamente lo que la Iglesia – el mundo – necesita.

Discernir una vocación significa disponerme para lo que Dios quiera, para que cuando él llame no responda, “tengo algo mejor que hacer”.

¿Temo caer? Dios me atrapará. ¿Soy demasiado débil? Sí, pero Dios es fuerte. ¿Perderé mi vida anterior? Probablemente, pero ganaré algo más. ¿Abandonaré lo que he construido? No, se lo entregaré a Dios. ¿Limitaré mis elecciones futuras? Definitivamente sí, pero en darme a Dios ganaré todo.

El 2 de mayo fue el 41 Día Mundial de Oración por las Vocaciones, y el Papa Juan Pablo ofreció esta oración:

"¡Recurrimos a Ti, Señor, en confianza! ¡Hijo de Dios, enviado por el Padre para hombres y  mujeres de toda época y parte de la tierra! Te invocamos por medio de María, tu Madre y  nuestra: Que a la Iglesia no le falten vocaciones, especialmente aquellos dedicados en una forma especial a su Reino. ¡Señor compasivo y santo, continúa enviando obreros a la cosecha de tu Reino! Ayuda a quienes llamas a seguirte en nuestros días; que al contemplar tu rostro, puedan responder con alegría a la misión maravillosa que les confías a ellos en bien del pueblo y de todos los hombres y  mujeres. Tú que eres Dios y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, por siglos de los siglos. Amén”.

¡Por favor únanse a mí en oración por aquellos en nuestra diócesis que consideran la vocación al sacerdocio o la vida consagrada (y por aquellos que no consideran una vocación pero que deberían hacerlo!). Oren para que cobren vida en el deseo y amor de Dios hacia ellos, que den su “yo” para Dios por su bien y el nuestro. Oren para que tengan el valor de estremecer sus vidas en lo que significa “vivir”. Oren para que escuchen y respondan "¡Sí!" a su llamado.

7 de Febrero de 2013 

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

Website: www.seattlearchdiocese.org