Pentecostés y la novedad de Cristo

A sí como la Cuaresma nos prepara para la Pascua, en cierto sentido, el tiempo de Pascua nos conduce de forma natural hacia Pentecostés.

Como católicos, comprendemos que Jesús resucitado venció la muerte y vive por toda la eternidad. Sabemos que enseñó que todos los que creemos en Él nunca moriremos y que compartiremos su vida eterna. Y creemos que su promesa permanece siempre con nosotros hasta el fin del mundo.

Pero ¿valoramos plenamente el papel del Espíritu Santo en la obra de Jesús Resucitado?

Tras la Resurrección, Jesús se apareció a muchas personas, en especial a los Apóstoles. Les explicó cómo todo lo que Él había dicho antes de su muerte y resurrección se había cumplido.

Y les dijo, “Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén” (Lucas 24,46-47).

Jesús les recordó que ellos serían testigos de todas estas cosas prodigiosas (24,48).

Luego, dijo Jesús a los Apóstoles que debían esperar para recibir al Espíritu Santo, “Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto” (24,49).

 En nuestro Credo profesamos que creemos que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo y que recibe la misma gloria que el Padre y el Hijo. Los evangelios nos enseñan a menudo acerca del trabajo del Espíritu Santo en la vida terrena y el ministerio de Jesús. ¿Resulta, pues, maravilloso que el Espíritu Santo juegue un papel igual de importante en la vida de la Iglesia y en cada una de nuestras vidas?

Esta cita de Sn. Ireneo es útil para comprender la obra del Espíritu Santo incluso en nuestros tiempos:

“Para esto descendió el Espíritu sobre el Hijo de Dios que se había convertido en el hijo del hombre: con Él se acostumbró a habitar con la humanidad, a reposar entre los seres humanos (Cf Isaías 11,2; 1 Pedro 4,14) y a poner su morada en las criaturas de Dios; en ellos trajo el cumplimiento de la voluntad de Dios y los ha renovado, haciéndolos pasar de su condición antigua a la novedad de Cristo." (En contra de los herejes III.17.1)

En este tiempo de Pascua, somos revelados en la resurrección de Jesús. Pentecostés nos llama a una comprensión más profunda de la forma en que esta novedad de Cristo se cumple por obra del Espíritu Santo. Es precisamente mediante nuestra cooperación con el Espíritu Santo que esta novedad de vida se hace nuestra.

Como arquidiócesis, nos encontramos en un tiempo importante de planeación pastoral. De forma individual y como iglesia, nuestra vida se ha alterado como resultado del coronavirus. Ahora es tiempo para que discernamos en oración, mediante el actuar del Espíritu Santo, cuál es la voluntad de Dios para nosotros y de qué forma debemos llevar a cabo su plan divino.

¡Ven, Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra!  

Read the English version of this column.

Noroeste Católico – Mayo 2020

Archbishop Paul D. Etienne

Archbishop Paul D. Etienne was named Archbishop of Seattle on September 3, 2019 by Pope Francis. Read his blog at https://www.archbishopetienne.com/.
__________

El Arzobispo Paul D. Etienne fue nombrado Arzobispo de Seattle el 3 de septiembre de 2019 por el Papa Francisco. Lea su blog en: https://www.archbishopetienne.com/.

More in this category: « Sé fuerte, espera en el Señor