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Que una ‘nube de testigos’ nos traiga inspiración y fuerza

Nuestros queridos difuntos están en el regazo amoroso de Dios

Durante este mes de noviembre, cuando miramos a través de las ventanas o caminamos las calles mirando caer las hojas bajo un cielo lluvioso y gris, la Iglesia nos recuerda que como cristianos estamos llenos de esperanza. ¿Por qué, en lo que parece una estación triste, estamos llenos de esperanza? Porque nunca estamos solos.

Archbishop J. Peter SartainEl clima sombrío puede afectar nuestro humor — ¡y un  corazón sombrío y triste puede afectar el modo como vemos el clima! Si uno tiende a la soledad, un cielo gris puede amplificar el sentimiento de soledad. Si uno está afligido por la muerte de un ser querido, no importa hace cuánto, un cielo lúgubre puede doblegar el corazón y arrebatarnos hermosos recuerdos que de otro modo nos traerían alegría.

Pero la Iglesia proclama desde el primer día de noviembre:

"Hoy, gracias a tu don, celebramos la Jerusalén celestial, madre nuestra, donde la multitud de nuestros hermanos y hermanas te alaban eternamente. Hacia ella nos dirigimos ansiosamente como peregrinos en la fé, gozándonos en la gloria otorgada a esos miembros ilustres de tu Iglesia a través de los cuales, nos das en nuestra fragilidad fortaleza y ejemplo”. (prefacio de la solemnidad de Todos los Santos)

Siempre estamos rodeados por los santos y los ángeles en la Iglesia — La Carta a los Hebreos los llama "la gran nube de testigos" — quienes nos impulsan en nuestra jornada hacia Dios, nos dan ejemplo y oran por nosotros.

Dado que los santos ven a Dios en su totalidad, saben que no hay por qué temer. Ellos ven directamente, nosotros con los ojos de la fé. Aunque las pruebas y emociones de la vida nos hacen dudar, a ellos no les sucede lo mismo. Nos sostienen cuando flaqueamos, y nos elevan en oración cuando no sabemos qué decir.

A salvo en las manos de Dios
En noviembre recordamos también a nuestros fieles difuntos. La Iglesia al mismo tiempo que proclama la alegría y esperanza de la Resurrección, sabe de la aflicción y nos consuela con la celebración de los Fieles Difuntos. ¿Quién no se aflige por la pérdida de un ser amado? Cuando el amor es profundo, lo es también el dolor. Cuando recordamos y oramos por nuestros amados difuntos, reconocemos que están seguros en las manos amorosas de Dios.

Nuestros seres queridos, quienes por la providencia de Dios están aún siendo purificados para prepararlos mejor para ver a Dios cara a cara, también oran por nosotros! Saben que están en camino al cielo y cualquier medio que Dios escoja para prepararlos mejor, los llena de esperanza. Así también ellos quieren que nosotros nos llenemos de esperanza.

El Emérito Papa Benedicto XVI, dirigiéndose al clero de Roma en el 2008, dijo:

"Purgatorio, quiere decir básicamente que Dios puede juntar las piezas de nuevo. Que Él puede limpiarnos de tal manera, que podamos estar con Él y presentarnos allí delante con plenitud de vida. El purgatorio arranca de una persona lo que le es insoportable y de otra la incapacidad de cargar ciertas cosas, para que en cada uno de ellos se revele un corazón puro, y podamos ver todos que pertenecemos a la única enorme y misma sinfonía de ser".

Hechos para amar
Nuestros afligidos corazones nos dicen de nuestros seres queridos que han muerto, "¡Pertenecemos el uno con el otro!" Y Dios nos responde, "Tienen razón. Están hechos para estar juntos eternamente en Mí. Mi gracia está trabajando durante esta separación temporal, en esta misteriosa ‘sinfonía de ser’. Quédense en paz y sepan que sus seres amados están a salvo, esperanzadoramente, conmigo".

Estamos hechos para estar juntos; fuimos hechos para la comunión; para el amor. Con cada paso que damos, el Buen Pastor nos reúne en la Iglesia y nos prepara para la final comunión perfecta. En otras palabras, a través de la Iglesia ya estamos en "comunión". Nuestra aparente separación de nuestros seres queridos es sólo temporal, y la comunión final para la cual estamos destinados será algo más allá de las palabras, más allá de lo que podemos imaginar. Ellos y nosotros estaremos ahí juntos — en Dios — y toda esperanza será colmada.

Dejemos que los cielos grises de este mes nos lleven a una quieta, profunda y agradecida reflexión sobre nuestras bendiciones, nuestros seres queridos que pasaron por nuestras vidas y están todavía circundándonos, y Dios que está más cerca de nosotros que nosotros mismos — el Dios que nos espera siempre con su mano extendida nos levante y nos lleve cerca de su corazón en un abrazo amoroso.

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

NOROESTE CATÓLICO – octubre 2013

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

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