Unidos con Jesús, vitalidad radiante

Los religiosos consagrados le responden a Dios, quien les dice: ‘acérquense’

Arzobispo SartainCada año por esta época, celebramos jubilosamente los aniversarios de los hombres y mujeres religiosos consagrados que sirven en la Arquidiócesis de Seattle. Cada aniversario es la historia de una familia, un llamado, una respuesta, una misión y una larga vida de entrega.

Cada una es una historia de amor por el Señor Jesús, y cada una es original. Cada una prueba que Dios nos conoce muy bien y nos llama a la vocación en donde encontraremos plena realización sirviéndolo a Él y a todos aquellos por los que Él entregó su vida.

Los religiosos consagrados provienen de familias de todas las nacionalidades y lenguas, de todos los rincones de la tierra. Algunos provienen de familias acomodadas, otros de familias en la pobreza. Algunos provienen de familias con firme fe religiosa y otros de familias en donde la religión era un tema muy poco frecuente en la conversación o de interés.

Sin embargo, en cada familia, Dios estaba silenciosamente trabajando, sembrando la semilla de la vocación.

Algunos religiosos sintieron desde muy chicos que Dios los estaba llamando a una vida de consagración. Otros quizá sintieron ese mismo llamado ¡pero lucharon contra él, si bien Dios los persiguió sin descanso! Otros fueron pescados desprevenidos por el llamado de Dios ya más tarde en su vida, en medio de sus exitosas carreras o trabajos.

Algunos nunca hubieran imaginado que Dios los estuviera llamando a una vida consagrada en la Iglesia Católica, dado que fueron educados en otra fe. Pero de acuerdo a su plan, y respetando la libertad personal y los talentos, Dios les dijo a cada uno de muchas formas, “Acércate”.

El amor plantado en sus corazones
Y se acercaron, respondiendo como pudieron, dudando en ocasiones por su indignidad y preocupados de no estar bien equipados para tal vocación. En cierto momento dejaron la familia y los amigos, para entrar en una vida que los atraía fuertemente. Aunque se dieron cuenta de que no era fácil dejar todas estas cosas por el Señor, no siempre es sencillo despojarse de todo, no siempre es tan simple el vivir una vida de amor sacrificado para el que reciben la formación.

Tuvieron que lidiar con las fragilidades personales, con el extrañar la familia, con la necesidad de crecer y madurar. Pero al escuchar las palabras de Dios una y otra vez — “Acércate” — siguieron respondiendo.

Al acercarse más, descubrieron que Dios tenía una misión para ellos. Algunas veces esa misión llegó bajo la forma de un mandato de un superior para un apostolado específico (hospitales, o quizá una escuela), otras veces surgió de un sentimiento interior muy profundo venido de sus cualidades y anhelos que los lanzó a un lugar en particular, con una gente particular, con un hambre especial.

Lo que distinguió su misión de cualquier otra labor humanitaria, de cualquier manera, fue que esta se originó de la llamada que Dios les hizo — en otras palabras, vino de Dios mismo, en el amor que Él mismo había plantado en sus corazones.

Al aceptar muchas misiones como respuesta a la llamada de Dios, ellos aprendieron algo crucial acerca de su vocación a la vida religiosa consagrada: que al abandonarse en las manos de Dios como sus instrumentos, permitiendo ser enviados de Dios, aprendiendo a darse en a través de Dios, su cercanía con Dios aumentó.

Irradiando la presencia de Cristo
“Revistiéndose de Cristo” más y más, se dieron cuenta de que su vocación está en el corazón de la Iglesia y la experiencia de vida del Evangelio de Cristo Jesús. Fue tan clara la revelación de esta verdad, que se dieron cuenta de que es siempre el Señor Jesús, el Hijo enviado del Padre, con quien deben estar en íntima comunión en la oración y en la Eucaristía.

“Sin mí nada pueden hacer”, dijo Jesús a sus discípulos.

En su carta de 1983 a los obispos de Estados Unidos, Sn. Juan Pablo II escribió: “Por su vocación misma, los religiosos están íntimamente ligados a la Redención. En su consagración a Jesucristo son un signo de la Redención que Él ha realizado. En la economía de la salvación de la Iglesia, ellos son instrumentos al llevar esa salvación al pueblo de Dios. Lo hacen con la vitalidad que irradia de sus vidas en unión con Jesús.”

Dios continúa llamando hombres y mujeres a consagrar sus vidas en Jesús, y a través del don generoso de sí mismos traen el don de la redención a todos los que tocan con sus vidas. Nadie conoce la profundidad y misteriosos modos en que Dios nos usa cuando nos ponemos a su disposición, pero podemos estar seguro de que nos usa en muchos más modos de los que nos imaginamos y mucho más sorprendentes.

¡Felicidades a todas y todos los religiosos consagrados en la Arquidiócesis de Seattle que están celebrando jubileos y aniversarios este año! Damos gracias a Dios por la familia que los crió, su llamado que los atrajo, su respuesta que los formó, su misión que los envió, y su amor sacrificado que irradia la presencia de Cristo. 

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

NOROESTE CATÓLICO– julio/agosto 2014

Arzobispo J. Peter Sartain

Envíe sus intenciones de oración a la Lista de Oración del Arzobispo Sartain a la Arquidiócesis de Seattle, 710 Ninth Ave., Seattle, WA 98104.

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