¿Es la Iglesia santa?

Christ the Good Shepherd. Christ the Good Shepherd.

Pecadores inmaculados

"Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua por la palabra, para mostrar ante sí mismo a la Iglesia Resplandeciente, sin mancha ni arruga o cosa parecida, sino para que sea santa e inmaculada.” (Efesios 5,25-27)

“Que entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y clamen: ¡perdona Señor a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, ni dominen en ella las naciones! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: ¿Dónde está su Dios?” (Joel 2,17)

¡Cuánto dolor hemos causado tus ministros a tu amado rebaño, Señor! Ovejas heridas por los propios pastores y abandonadas ante los lobos. ¡Qué profunda y lacerante vergüenza! ¡Oh dulce y buen Pastor, te hemos fallado! ¡Solo tú, con tu infinito poder, podrás sanar esas mortales heridas! ¡Solo tú, con tu insondable sabiduría y misericordia, podrás perdonarnos y continuar confiando en nosotros! ¡Tú nunca te arrepientes del don que nos has regalado con tu encarnación; ¡con tu presencia entre nosotros, dándonos el poder ser administradores de tu gracia, haciéndonos tus misioneros, confiándonos las llaves de tu Reino, con el riesgo de distorsionarlo o dejarlo inconcluso!

Tú, Señor, escogiste la cruz y la muerte para hacer brotar una nueva sabiduría, una nueva vida. Tu sabiduría es una sabiduría que sobrepasa nuestra inteligencia humana y una vida que supera nuestra existencia terrenal y mortal. Tú fundaste tu Iglesia sobre la desbocada, arrogante y frágil pasión de Pedro y sus ignorantes compañeros, para que todas las generaciones descubrieran que tú eres su único y verdadero cimiento, que la Iglesia es obra tuya y no de los hombres. Por eso, las puertas del infierno no prevalecerán ante ella. (Mateo 16,18) Tú la sostienes a pesar de nuestros pecados y la purificas continuamente para un día poder presentártela a ti mismo, sin mancha ni arruga.

Tú, Señor, podías haber construido tu Iglesia sin pedirnos ninguna ayuda, pero has querido usar nuestra fragilidad. Has querido usar incluso nuestros pecados para que tu divina misericordia y sabiduría brillen en las tinieblas de nuestras mentes, corazones y cuerpos.

Cuánto dolor estará causando a tu amante corazón el ver a tu Iglesia siendo escarnio de todos los que aún no te aceptan. Por culpa de nosotros tus ministros, tus pastores, que no hemos aprendido suficientemente tus destrezas de Buen Pastor. Preparándonos en tu pureza, tu ternura, tu paciencia, tu compasión. Necesitamos que purifiques nuestros oídos para escuchar los lamentos de tus ovejas, que nos clarifiques la visión para ver con tus ojos identificando a los posibles depredadores rapaces. Que nos alimentemos siempre de tu cuerpo y sangre para que con tu valentía enfrentemos y superemos los peligrosos abismos.

¡Cuántas de tus ovejas ya habremos perdido para siempre! ¡Seguramente, Señor Jesús, vuelves a sentir en este momento la soledad y la agonía que sentiste en el huerto de los olivos! Creo que nos vuelves a invitar como lo hiciste con tus discípulos a “velar y orar para que no caigamos en tentación” como tú no caíste, para lograr como tú lograste, perseverar en los cruciales momentos de agonía.

¡Tu divino amor, oh buen Jesús, nos hace inmaculados a pesar de todos nuestros pecados! La frescura abundante de tu misericordia lava continuamente nuestras iniquidades, purifica tu Iglesia y sana las heridas de cada una de las ovejas de tu rebaño. Tú no abandonas nunca tu grey por descarriada que esté. Tú sigues y seguirás proveyendo sabios y amorosos pastores como lo has hecho a lo largo de los siglos. Tú, Jesús, seguirás engendrando en tu grey ovejas con un fino olfato para encontrar nuevos pastos de pureza y santidad, derrotando las plagas de lujuria, hedonismo y placeres inmediatos con apariencia de salud minando solapadamente las defensas internas.

Gracias, Señor, por el Papa Francisco y todos esos sigilosos pastores que cuidan de tu rebaño y en tu nombre lo siguen guiando a nuevos pastizales de santidad que los hacen retozar de alegría y salud. Tu madre María nos sigue enseñando a identificar tu voz de dulce y buen Pastor que nos llama por nuestro nombre, para que tu santidad en nosotros sea un regalo de tu misericordia a tu Iglesia y al mundo. Perdona nuestras tontas resistencias a tu sabiduría y continúa purificándonos, Señor, hasta que no quede mancha ni arruga en nosotros y seamos dignamente presentados ante ti.

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Noroeste Católico – Octubre 2018

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.

Website: www.seattlearchdiocese.org/Archdiocese/auxiliaries.aspx