La cambiante normalidad evangélica

“‘¿De Nazaret puede salir algo bueno?’ … ‘Ven y lo verás.’” – Juan 1,46

La existencia toda de Jesús es una paradoja constante: su nacimiento en un pesebre de Belén, sus 30 años de incógnito en una carpintería de Nazaret, su doctrina de amor universal, el perdón a sus enemigos, su abrazo de la vergonzosa cruz, su larga estadía en la tumba, su resurrección, la selección y envío de sus pobres discípulos a predicar por todo el mundo. Estas son solo algunas muestras de que la única norma de Jesús es la sorpresa del cambio evangélico.

El coronavirus ha alterado nuestras rutinarias vidas de tal manera, que todos queremos volver a la “normalidad”. Se nos olvida a los discípulos que Jesús nos mandó a ser testigos de algo totalmente nuevo de algo: anormal. En un mundo lleno de ruido, Jesús nos envía a buscar el silencio. En una sociedad inundada de lujuria, él nos llama a ser modelos de pureza. En un sistema que promueve la codicia, Jesús nos invita a disfrutar la pobreza. En un medio ambiente que alaba las seguridades, Jesús desea que confiemos en la providencia. En un mundo que defiende una justicia vindicativa, Jesús quiere que ofrezcamos la otra mejilla a quien nos golpee.

Las paradójicas sorpresas de Jesús rompen con todas las normas que no nos dejen crecer continuamente. Los cambios evangélicos no son simplemente por rebeldía. Son, en cambio, el acicate interno que nos permite descubrir la grandeza de nuestro llamado a la perfección en su amor.

“La normalidad evangélica” hace que mi oración me sorprenda en un íntimo diálogo amoroso con mi Señor y Salvador, hace que la Eucaristía me empuje a encontrar nuevos hermanos. La norma evangélica no me permite permanecer indiferente ante el mundo sufriente, ya sea en la Patagonia o en el Ártico, sin moverme a ofrecer la eterna sorpresa de Jesús.

Jesús no deseaba abolir la ley, sino darle la plenitud de contenido (cfr. Mateo 5,17-48). Nuestros parámetros cristianos tienen que ser mucho más altos que los de cualquier otra sociedad mundana. Más altos en nuestras relaciones con los demás, no solo en el respeto, sino en el perdón, fraternidad y caridad hasta con los enemigos. Más altos en la pureza y fidelidad del cuerpo y el alma por ser obra y presencia del Creador. Más altos en la alabanza, porque Dios es omnipotente y sorprendentemente misterioso.

María, consciente de no poder abarcar la sabiduría de Dios con su inteligencia humana, canta desde su fe judía las maravillas de Dios a lo largo de la historia del pueblo escogido: “Él hace proezas con su brazo, derriba a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos sacia y a los ricos despide vacíos” (cfr. Lucas 1,46-55). María supo dejarse “sorprender” una vez más por su omnipotente Dios y Creador que se hizo bebé en su vientre. Así aprendió que la Buena Nueva que es Jesús sería la sorpresiva norma cambiante por todos los siglos.

Vivamos sorprendidos.

Noroeste Católico - Octubre 2020

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.
__________

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org/Archdiocese/auxiliaries.aspx