Madre incondicional

María, ruega por nosotros

Si recibimos con gozo un año nuevo, es porque siempre tenemos esperanza de que puede ser mejor que el anterior. La esperanza nos fue regalada de forma definitiva gracias a María. María es la mujer que supo hacer que Dios se enamorara de la humanidad y quisiera compartir nuestra carne y nuestra historia.

A lo largo y ancho del mundo cristiano al rezar el Ave María siempre subrayamos “Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. María, como madre amorosa, ruega siempre por sus hijos, aunque sean extraviados pecadores. Porque ese es el amor incondicional de una madre, porque una madre nunca se cansa de esperar.

Como buena judía, María rogaba porque el todopoderoso enviara un mesías, un salvador a su pueblo. Su plegaria fue tan pura que Dios la escogió para ser el canal humano de esa gracia que transformo para siempre el destino de la humanidad. María rogaba pacientemente cada día  educar a su hijo Jesús, para que un día finalmente se manifestara como la “respuesta” de Dios que siempre escucha el clamor de sus hijos.

Al ver a Jesús anunciar el reino de Dios entre nosotros, María como madre rogaba que todos los oyentes abrieran su corazón para acogerlo con alegre sorpresa como ella lo hizo. Al descubrir la controversia y el rechazo del mensaje de su hijo, María oraba pidiendo fortaleza y confianza para ella y los nuevos discípulos.

Ante su hijo clavado en la cruz, María implora con Jesús que Dios Padre nos perdone porque no sabemos lo que estamos haciendo. En el cenáculo, María implora con los Apóstoles para que el Omnipotente envié su Espíritu Paráclito a transformar a los medrosos discípulos en audaces apóstoles y mártires.

María, como mujer de fe, caminó orando junto a los Apóstoles para poner sólidos cimientos a la nueva Iglesia universal de su hijo Jesús. María es la que intercede por todos nosotros cuando las circunstancias apremian, como lo hizo en las bodas de Caná ante la falta de vino para festejar.

María es la gran intercesora que arranca cualquier gracia al Dios todopoderoso porque es la mujer de fe por excelencia y todo es posible para el que cree (cf. Marcos 9,23).

Nuestra Señora de Lourdes, Fátima, Guadalupe, Chiquinquirá, Aparecida, Czestochowa y Kibeho son solo algunas de las advocaciones con las que a través de los siglos esa madre incondicional de todos nosotros, que nos ha entregado Jesús mismo desde lo alto de la cruz, sigue intercediendo por cada mujer y cada hombre que viene a este mundo. Fruto del vientre bendito femenino en donde todos encontramos calor, vida y ternura.

Al iniciar un año nuevo civil, unámonos a las plegarias de nuestra madre incondicional María. Pidamos con ella porque finalmente entendamos que todos somos hermanos, cobijados bajo su tierno manto y descubramos nuevas formas de perdón de los unos a los otros.

Que María, la mujer de la esperanza, nos sigua enseñando, como ella, a mantener el ritmo de nuestra espera terrenal. Hasta que, tomados de su mano, caminemos confiados y alegres al encuentro glorioso de su hijo, con las cicatrices de los resucitados que han vencido a la muerte del pecado.

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Noroeste Católico – Enero/Febrero 2020

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.
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Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

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