Ser plural

Nuestra misión cristiana

Sn. Agustín, en sus Confesiones, al separarse de un amigo muy querido, cita al poeta Horacio que en circunstancias parecidas al despedirse de Virgilio exclamó: “Pierdo la mitad de mi alma”. El encuentro personal con Cristo nos lleva a tener los mismos sentimientos de su corazón, con todas sus alegrías y todas sus tristezas.

Esa sintonía amorosa con Cristo hace que, como Él, suframos con cada ser humano que vive fuera de esa unidad. Para que el mundo pueda creer en Dios necesita contemplar el rostro de Jesús en su totalidad, no desmembrado, necesita que cada uno complete con su existencia el hermoso rostro del Padre de Jesús y Padre nuestro del que llevamos la misma sangre.

El Papa Francisco ha repetido que el pecado más grave de nuestro mundo actual es la indiferencia. El amor cristiano nos impide ser indiferentes y nos hace descubrir los rasgos de un hermano o hermana en cada ser humano. La mitad de nuestra alma se completa solo cuando entran a nuestra existencia todos aquellos que Jesús ha amado desde la creación del mundo. Nuestra alma se completa cuando nos hacemos plural, cuando nos convertimos en nosotros derrotando cualquier forma de egoísmo que nos ciega.

Cualquier forma de división en nuestra humanidad, nos aísla, nos segrega y distorsiona nuestro rostro hasta el punto de que ya los demás no nos pueden reconocer como miembros de la misma familia, compartiendo la misma sangre.

Del corazón traspasado de Jesús crucificado brota abundante la sangre que lava nuestra ceguera, permitiéndonos ver nuevas formas de justicia, de perdón, de hermandad, de alegría, de pureza y de gratitud sin fronteras. Esa es nuestra misión como cristianos.

Al igual que Jesús, no podemos esperar que el mundo acepte sin resistencias que somos familia cuando quizá nosotros mismos los hemos negado anteriormente con nuestras acciones o con nuestra indiferencia. Con su pasión, muerte y resurrección Jesús vence a Satanás, al espíritu diabólico que ha traído división en la creación y restaura la unidad en donde se plasma la presencia divina: “Que sean uno para que el mundo crea”.

Nuestros sufrimientos como cristianos son parte del proceso de restauración de la unidad. Sn. Pablo lo expresa en su carta a los Colosenses: “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia” (Colosenses 1,24).

Mientras un solo hombre o mujer en el mundo continúe viviendo en la soledad, Jesús seguirá sufriendo místicamente; mientras uno de nosotros cristianos sigamos trabajando por la unidad a través de nuestro servicio por todo el mundo, Jesús seguirá salvando, nuestra alma cristiana seguirá completando y todos podrán contemplar el rostro de Dios.

María, José y todas esas grandes mujeres y hombres que llamamos santos se transformaron en un “nosotros”, se hicieron plural para que Cristo siga ofreciendo sangre nueva y complete con nosotros el alma del mundo. 

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Noroeste Católico – Marzo 2020

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.
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Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

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