Todo sucede para el bien de los que aman a Dios

El poder del Santo Espíritu

“El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene. … Sabemos que todas las cosas suceden para bien de los que aman a Dios.” – Romanos 8,26–28

En circunstancias de sufrimiento, nuestra naturaleza humana y nuestra fe preguntan airadas: ¿Por qué? Si bien es entendible nuestra reacción ante el dolor, la verdadera pregunta que debiéramos hacernos como cristianos es: ¿Para qué?

Nuestra misión en la tierra como discípulos de Jesús es ser canales de su gracia salvadora con nuestras vidas; para ello, tenemos que ser llevados a la perfección en el amor. Esa perfección solo puede ser alcanzada con la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Es decir, el amor de Dios mismo perfeccionando nuestro interior de acuerdo a lo que a Dios le agrada. Nosotros rogamos a Dios de acuerdo a nuestra inteligencia humana, pero “la sabiduría de este mundo es necedad ante los ojos de Dios” (1 Corintios 3,19).

 Jesús mismo, sin tener que ser purificado de ningún pecado, como ser humano y hombre de fe, fue perfeccionado por el Espíritu de Dios para ser fiel instrumento de salvación para todos nosotros; así, nos dice la Carta a los Hebreos, “Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas a quien podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo el hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación para todos lo que le obedecen” (Hebreos 5,7-9).

El Espíritu Santo, el amor de Dios, es el único que puede dar sentido a cualquier sufrimiento y hacerlo instrumento de salvación, gozo y santificación. Solo ese amor divino puede convertir la cruz en triunfo sobre la muerte en vez de instrumento de destrucción y vergüenza. "El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a nuestros cuerpos mortales” (Romanos 8,11).

Si bien es cierto que el sufrimiento y el dolor convulsionan nuestros cuerpos e inteligencia, Dios nos ha mostrado y probado su poder, sabiduría y amor a lo largo de los siglos. Siempre pacientemente y perseverante para atraernos a Él. La plenitud de su amor, sabiduría y perseverante presencia es el habernos enviado a su propio hijo. Naciendo entre nuestra misma carne, tomada del sagrado seno de una mujer fiel. Una mujer que supo dejar vencer sus miedos y su sabiduría terrenal ante la omnipotencia del amor de Dios en su Santo Espíritu.

“No hay temor en el amor … porque el temor mira al castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud del amor” (1 Juan 4,18). El espíritu del amor de Dios que realizó la Pascua de Jesús, sin duda seguirá perfeccionando nuestras vidas para ser sus alegres misioneros como María. Confiemos en su amoroso poder.  

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Noroeste Católico – Mayo 2020

Bishop Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., is auxiliary bishop of Seattle and vicar for Hispanic ministry.
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Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

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