¡Atrévete!

Photo: From left, Annunciation, Fra Angelico/Diocesan Museum, Cortona Italy; Prayer of Moses after the Israelites go through the Red Sea, Ivan Kramskoy; The Calling of the Apostles Peter and Andrew, Duccio di Buoninsegna, Samuel H. Kress Collection Photo: From left, Annunciation, Fra Angelico/Diocesan Museum, Cortona Italy; Prayer of Moses after the Israelites go through the Red Sea, Ivan Kramskoy; The Calling of the Apostles Peter and Andrew, Duccio di Buoninsegna, Samuel H. Kress Collection

La vida es corta y una sola

¿Qué  hubiera pasado si Moisés no se hubiera atrevido a plantar su cayado a orillas del Mar Rojo? ¿Si la Virgen María no se hubiera atrevido a decir al arcángel que se hiciera según le había anunciado? ¿Si Pedro, Santiago y Juan no se hubieran atrevido a dejar sus barcas para seguir al Maestro? ¿Si Pablo no se hubiera atrevido a predicar en Atenas sobre el Dios desconocido?

¿Qué hubiera sucedido si Francisco de Asís no se hubiera atrevido a pedir permiso al Papa Inocencio III para fundar una orden? ¿Si unos misioneros no se hubieran atrevido a embarcarse en una carabela hacia un continente desconocido? ¿Si Karol Wojtyla no se hubiera atrevido a ingresar a un seminario clandestino?

¿Qué hubiera sucedido si tu abuelo y tu padre no se hubieran atrevido a declarar su amor a aquellas chicas que les robaban el sueño? ¿Si no te hubieras atrevido tú a dejar tu casa y tu tierra?

Dicen, y dicen bien, que el mundo es de los audaces y de los valientes. La vida del Pueblo de Dios también depende de personas que saben atreverse, sabiendo que de la mano del Padre no hay imposibles.

El Papa Francisco ha dicho a los jóvenes, “El mundo cambiará si se atreven y no se quedan en el sillón”, animándolos a ser audaces, asumir riesgos y hacer suyo el proyecto de la Iglesia. Y a todos nos ha dicho que somos invitados a salir de la propia comodidad y atrevernos a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

Pero sin Dios, nada podemos hacer. Para atrevernos a lograr lo que parece imposible, debemos siempre orar. ¡Y para orar hay que atreverse a hablar con Dios! En la Santa Misa el sacerdote nos exhorta “… y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir, ‘Padre nuestro …’”

Confía, pues, en Dios ¡y atrévete!

Atrévete a soñar el sueño imposible,
a alcanzar la estrella inalcanzable,
a orar y arrebatarle un milagro al cielo,
a desafiar el destino y transformarlo.

Atrévete a librar la batalla que ya está perdida,
a correr la carrera interminable,
a enderezar el árbol que creció torcido,
a buscar aquello que jamás nadie ha encontrado.

Atrévete a ser feliz a pesar de los pesares,
a sonreír en medio de tus males,
a levantarte de todas tus caídas,
a imponerte a los miedos infernales.

Atrévete a sembrar una flor en el desierto ardiente,
a exprimirle una gota al pedrusco más reseco,
a cosechar un trigal en el fondo de los mares,
a amar de aquí a la luna, dos vueltas y de regreso.

Atrévete a perdonar la ofensa imperdonable,
a vencer al adversario invencible,
a superar la prueba insuperable,
a terminar la faena interminable.

Atrévete a confiar en Dios a ciegas,
a ver la luz en la noche más oscura,
a continuar cuando el paso se ha cansado,
a no cejar por encima del fracaso.

Atrévete a dominarte a ti mismo,
a vencerte a ti mismo,
a someterte a ti mismo,
a cambiarte a ti mismo.

Atrévete, que la vida es corta y una sola,
que no tienes comprado tu mañana,
que este puede ser el último de los días
que Dios te ha dado para que los vivas.

Atrévete, sí, ¡atrévete!

¡Apasiónate por nuestra fe!

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Noroeste Católico – Julio/Agosto 2018

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, a member of St. Monica Parish on Mercer Island, is a Catholic journalist. His website is www.seminans.org.

Website: www.seminans.org