Cuando queremos dormir y nunca más despertar

Foto: Giovanni Girolamo Savoldo, Elijah Fed by the Raven, Samuel H. Kress Collection Foto: Giovanni Girolamo Savoldo, Elijah Fed by the Raven, Samuel H. Kress Collection

A veces la vida pesa tanto, que quisiéramos que esta llegara a su final

En el Primer Libro de los Reyes, encontramos un dramático episodio. (Cf I Reyes 19,1-12) Después de demostrar el profeta Elías a los adoradores de Baal que el Señor es el Dios verdadero, la reina Jezabel pretende vengarse. Lo amenaza con quitarle la vida en menos de un día. Elías huye despavorido. Tras caminar un día entero por el desierto, ya no puede más. Se sienta bajo una mata y le suplica al Señor que le quite la vida, “¡Ya es demasiado, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy más que mis padres!” y se queda dormido para no saber más.

¡Cuán profunda debe ser su angustia, su cansancio, que el profeta de Dios cae sumido en la depresión y prefiere no vivir más! Se duerme para evadir la realidad deseando con toda su alma nunca despertar.

Elías había dedicado los últimos años de su vida a servir a Dios, yendo a donde Él le indicara, diciendo lo que Él le pidiera y haciendo lo que Él le ordenara. Aun así, de pronto se ve a sí mismo como un fugitivo cuya vida corre peligro. Se siente solo, abandonado, triste, en peligro, cansado, desesperado y llega a su punto de quiebre: ya no quiere vivir más.

A veces, la vida se torna muy pesada. Por más que luchamos, por más que intentamos, por más que hacemos, por más que esperamos, por más que rezamos, no vemos progreso alguno. Todo lo contrario. Cuando estas situaciones se prolongan, pueden llevarnos hasta nuestro punto de quiebre. Como Elías en su depresión, solo queremos dormir para evadir la realidad. Y en momentos más álgidos, hacemos nuestra la oración de Elías, llegando a pedir a Dios que nos reciba en su Reino. ¿Para qué vivir si no existe solución? ¿Para qué vivir cuando no hay esperanza de sanación? ¿Para qué vivir si el amor no volverá? “Acuérdate de mí, Señor”, suplicamos con el corazón compungido, que siente que no puede más.

Pero, nuestra voluntad no es la de Dios. Ignorando la súplica de su profeta, envía un ángel a Elías a despertarlo, “Levántate y come, pues te queda un camino largo”, poniendo a su cabecera una torta cocida y un jarro de agua.

Aunque sintamos que ya no podemos, aunque pensemos que nada tiene sentido, Dios no nos deja solos. En el punto de quiebre, está presente para alimentarnos y animarnos a continuar, pues el camino por seguir es todavía largo. Necesitamos fuerzas y estas nos las da el pan con que Dios nos alimenta. Como alimentó con el maná a su pueblo en el desierto, como alimenta a Elías con esta torta, nos alimenta a nosotros con el Pan Eucarístico. Es preciso, para continuar el largo trecho que nos falta, no dejar de alimentarnos con el Pan del Cielo que contiene todas las delicias.

Elías deseó morir en un momento de depresión. Pero, alimentado por el pan de Dios, continúa su largo camino hasta llegar a una cueva. Fuera de ella, Elías permanece de pie cuando llega un violento huracán, pero en él no está Dios. Después sacude la tierra un terremoto, pero en él tampoco está Dios. Llega entonces un incendio, pero en el fuego no está Dios. Se escucha entonces el susurro de una brisa suave y, en ella, Elías descubre la presencia de Dios.

Si la vida nos pesa tanto que solo deseamos dormir para evadirla, o peor, quisiéramos nunca más despertar, nunca perdamos la esperanza. Alimentémonos del Pan del Cielo para recobrar fuerzas y continuar, sabiendo que después de soportar los huracanes que sacuden nuestra vida sin sentido, después de no caer con los terremotos que derrumban todo lo que hemos construido, después de resistir los incendios que nos asfixian, Dios se hará presente, tierno y amoroso, en el dulce susurro de una brisa suave.

¡Apasiónate por nuestra fe!

Read the English version of this column.

Noroeste Católico – Julio/Agosto 2019

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

Website: www.semillasparalavida.org