Semillas de la Palabra - ¿De qué ceguera ha de librarnos el Sol que nace de lo alto?

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La Navidad como punto de partida para celebrar el Jubileo de la Misericordia

Anticipándose al nacimiento del Salvador, Zacarías, padre de Juan el Bautista, profetizó que: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.” (Lucas 1,78-79) Estas bellas palabras que registra Lucas en su Evangelio, conocido justamente como el Evangelio de la Misericordia, son buen punto de partida para celebrar el gran Jubileo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco.

En Navidad celebramos el nacimiento del Hijo de Dios que se encarna para hacerse uno de nosotros. Mejor aún, para hacerse Dios con nosotros. Zacarías lo llama “el Sol que nace de lo alto”, tomando prestadas a Isaías las ideas de la luz de las naciones (Isaías 42,6) y de la luz brillante que cubrió a los que vivían en tierra de sombras. (9,1-2)

Las palabras del profeta se hacen realidad en Navidad, cuando el Salvador nace “para abrir los ojos a los ciegos y para sacar del calabozo al preso de la cárcel, al que vive en tinieblas”. (42,7)

¿De qué ceguera debe liberarnos el Niño Dios esta Navidad? ¿De no ver a los demás como hermanos nuestros, hijos del mismo Padre? ¿De no ver la autoridad de Dios en nuestros padres que lo representan? ¿De no ver la ternura de Dios en nuestros hijos, a quienes nos ha encomendado para dispensarles a través de nosotros su amor y su cuidado? ¿De no ver que a través del cariño, la fraternidad y el apoyo de nuestros amigos y hermanos Dios nos dispensa todas las bendiciones que necesitamos? ¿De no ver en nuestra vida matrimonial la presencia real de Cristo en una unión de amor que se hizo sacramento ante el altar?

Pidamos a nuestro Padre Celestial que el Niño Dios nazca esta Navidad para abrir nuestros ojos de la ceguera que como sociedad nos impide cada ver cada vez más en el pan, pan; en el vino, vino; en lo bueno, la belleza; y en lo malo, el pecado. ¡Esa ceguera que nos ha hecho acostumbrarnos al pecado al grado de no solo tolerarlo, sino hasta defenderlo y promoverlo!

Roguemos al Señor que este Año de la Misericordia el Sol nazca de lo alto para liberarnos del calabozo de las tinieblas de la tristeza, del miedo y de la desesperanza. De los grilletes de la amargura, del rencor y de la incapacidad de perdonar. Sentimientos que nos frenan, nos oprimen y nos dañan. ¿Cuántos viven esclavos de los recuerdos de ofensas recibidas hace años, incluso de personas que han muerto ya? ¿Cuántos viven prisioneros del resentimiento hacia personas que, en honor a la verdad, jamás tuvieron intención alguna de hacerles daño? ¿Cuántos viven aislados en la cárcel del silencio, dejando de hablar a sus familiares por años debido a malentendidos que tienen solución?

Zacarías explica que el Sol que nace de lo alto nos visita por la entrañable misericordia de nuestro Dios. En las Sagradas Escrituras, la misericordia equivale al amor entrañable que siente una madre por el hijo que lleva en su seno. Dios es un Padre que ama a sus hijos con amor maternal. Ciertamente, no hay amor más entrañable que el de una mamá por el bebé que lleva en sus entrañas. Es con este amor tan tierno que nuestro Padre Dios envía al Sol que nace de lo alto, para que en la tierna forma de un bebé, siembre en nuestros corazones la semilla de la misericordia.

¡Apasiónate por nuestra fe!

Read the English translation of this column: From which blindness will Baby Jesus heal us this Christmas?

Noroeste Católico – diciembre 2015 

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

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