Los defectos de los santos

Foto: The Last Supper, Sebastiano Ricci, National Gallery of Art, Samuel H. Kress Collection Foto: The Last Supper, Sebastiano Ricci, National Gallery of Art, Samuel H. Kress Collection

Alcanzando el Cielo a pesar de nuestra fragilidad humana

Para entrar al cielo se necesita ser santo. No hay otra opción. Muchas veces pensamos que los santos son solo aquellos que se representan con una aureola, con una estatua en una iglesia, que tienen su nombre en el calendario y aparecen en una estampita con una oración por detrás. Esos, los santos canonizados, por su vida virtuosa y su ejemplar amor a Dios y a su prójimo, nos sirven no solo como intercesores sino también como modelos para seguir a Jesucristo, cada uno según su vocación y su estado de vida.

Tan importante es esto que el Papa Francisco nos ha regalado este año su exhortación apostólica Gaudete et Exsultate en la que reflexiona acerca del llamado a la santidad en el mundo contemporáneo. En este documento — lectura obligatoria para quien se tome en serio su vida de fe y tenga por única meta final entrar al cielo — a través de una serie de, sencillas, pero profundas reflexiones, el Santo Padre nos explica cómo podemos ser santos.

Volviendo a los santos canonizados, su vida resulta, en efecto, ejemplar. Sin embargo, a veces su ejemplo me resulta inalcanzable. Cuando me doy cuenta de mis limitaciones y los veo a ellos con rostros tan piadosos, como viendo de reojo siempre al cielo, colocados en las iglesias allá en lo alto, para que al mirarlos yo tenga que mirar arriba, me resultan muchas veces inalcanzables. Yo me sé de carne y hueso: creyente, pero temeroso; convencido, pero titubeante; decidido a seguir a Jesús, a la vez que lo traiciono; me confieso, pero vuelvo a tropezar y en la misma piedra… ¡Estoy lleno de defectos! ¿Cómo puedo suspirar a alcanzar la santidad cuando miro las santas figuras de los santos que veneramos? A veces la imagen de esos santos no me ayuda porque yo no soy así.

Esas imágenes representan la virtud de los santos de forma simbólica. La realidad es que todos fueron de carne y hueso. A excepción de la Virgen, que fue concebida inmaculada, todos los santos que hoy tienen una aureola fueron frágiles, falibles y pecadores, ¡igual que yo!

En los evangelios veo aquellos Doce en quienes se fijó Jesús y escogió tras una larga noche de oración. No eran al principio muy admirables que digamos: su fe, vacilante; su esperanza, desconfiada; su amor, mezquino; su constancia, poca; sus debilidades, muchas; su jactancia, excesiva; sus ambiciones, no menos que las farisaicas; sus cobardías, para dejar solo a Jesús a la hora de la hora; sus intolerancias, para querer incendiar aldeas; su ignorancia, demasiada… hasta que llegó el Espíritu. Ese castillo de arena que levantó Jesús se transformó entonces en un palacio de piedra. El barro se transformó en roca y la muerte se hizo vida. Eso me anima. Si puedo parecerme a los Apóstoles en su flaqueza, con la gracia de Dios puedo también acoger su Espíritu Divino y dejarme transformar.

Me gustaría saber cuál es ese pecado que Sn. Pablo lamenta al confesarse en su Epístola a los Romanos. “No hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Aunque quiera hacer el bien, es el mal el que me sale al encuentro”. (Romanos 7,21) Eso me gusta más porque ese Sn. Pablo se parece más a mí. Y no puedo olvidar que ese mismo Pablo era el apóstol de los gentiles, llevando el evangelio hasta el último rincón que pudo.

En la vida de los santos no faltaron defectos; pero por encima de todo, hubo conversión, reparación, lucha, mucho amor a Dios y generosa entrega al prójimo. Luchando contra nuestras debilidades y volviendo a nuestro Padre, alcanzaremos por su misericordia la santidad a la que nos ha llamado.

¡Apasiónate por nuestra fe!

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Noroeste Católico – Septiembre 2018

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, a member of St. Monica Parish on Mercer Island, is a Catholic journalist. His website is www.seminans.org.

Website: www.seminans.org