Nuestra fe al caer la noche

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La noche oscura es propicia para los encuentros más íntimos con el Señor

En este ejemplar de Noroeste Católico, nuestros obispos inician sus columnas refiriéndose a su experiencia de fe al caer la noche. Esto me lleva a pensar en algunos de los grandes encuentros con Dios en la historia de nuestra fe, que tienen lugar por la noche. La noche oscura, en el silencio y la soledad, es propicia para los encuentros más apasionados, profundos e íntimos con el Señor.

Encuentro apasionado es el de Jacob, quien de pronto se ve librando una violenta batalla con el Señor, en la que a veces parece vencer y en otras resultar vencido. Un fiero combate en que el fémur de Jacob resulta dislocado, pero al final logra arrebatarle a Dios su bendición y recibe el nombre de Israel para llegar a ser el padre de las 12 tribus del pueblo elegido. (Génesis 32,23)

¿Cuántas veces por la noche libramos las batallas más feroces, a veces con nosotros mismos, luchando por encontrar una respuesta, tomar una decisión o armarnos de valor? ¿A veces con Dios, orando con pasión hasta arrebatarle esa bendición que tanto precisamos?

Encuentro profundo es el del rey David, quien, arrepentido de todos sus pecados, llora tanto que deja su almohada bañada en lágrimas. (Salmo 6,6) Al igual que Pedro deja bañado en lágrimas su manto tras sentir sobre sus ojos avergonzados la mirada amorosa de Jesús – también de noche – en el patio de la casa del sumo sacerdote, instantes después de haberlo negado tres veces. Pedro sale corriendo y llora amargamente. (Lucas 22,62)

¿Cuántas veces dejamos nuestro lecho bañado en lágrimas, afligidos por nuestros pecados, por nuestros errores, por nuestros fracasos, por nuestros desamores?

Pero también y en contraste, encuentro profundo es el de Judas al descubrir que Jesús sabe en el cenáculo de sus siniestros planes. Tras recibir de su Maestro un trozo de pan ázimo remojado en salsa, sale a concretar su traición. El evangelista enfatiza que es de noche. (Juan 12,25-30)

¿Cuántas veces aprovechamos la oscuridad de la noche para darle la espalda a Dios y traicionar nuestros valores más sagrados?

Encuentro íntimo es el de Abram con Dios cuando pacta con él una alianza prometiéndole una descendencia tan grande como las incontables estrellas del cielo que refulgen entre el oscuro firmamento. (Génesis 15,5)

¿Cuántas veces por la noche resolvemos aliarnos con Dios para salir adelante al amanecer a emprender las misiones más increíbles?

Jesús mismo gustaba de apartarse a solas, incluso subiendo al monte de noche, para orar. Sin duda, el encuentro nocturno con Dios más apasionado, profundo e íntimo es el que tiene Jesús con su Padre en el Huerto. (Lucas 22,39-46) Esta noche se desdobla un intenso drama en que el Hijo, sudando sangre, está a punto de renunciar a su misión rezando incluso porque aquel cáliz pase sin que Él lo beba, pero al final aceptando la voluntad de su Padre.

¿Cuántas veces la angustia no nos deja dormir, sabiendo que al amanecer habremos de enfrentar una situación que, inclemente, nos hará daño irremediable o al menos nos pondrá en riesgo?

La constante en cada uno de estos relatos es la presencia de Dios en medio de la noche. Un Dios que se hace presente y que intima con sus hijos pactando alianzas, enjugando lágrimas, reconfortando y dando valor y recordándonos que sabe bien de nuestras traiciones…

Nunca vayas a la cama sin ponerte en presencia del Señor y, como Jesús en el Huerto, abandónate a su santa voluntad. Que el Señor nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.

Así termina esta columna… escrita de noche.

¡Apasiónate por nuestra fe! 

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Noroeste Católico – Mayo 2019

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

Website: www.semillasparalavida.org