Semillas de la Palabra - Crucificados ¿a la derecha de Cristo o a su izquierda?

La trilogía de la cruz es la trilogía de nuestra vida

Por Mauricio Pérez

crucifixion painting
Shutterstock/Vibrant Image Studio

“Lo crucificaron con los malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. … Uno de los malhechores crucificados le insultaba, diciendo, ‘¿No eres tú el Mesías? Sálvate, pues, a ti mismo y a nosotros’. Pero el otro, le reprendía, diciendo, ‘Ni tú, que estás sufriendo el mismo suplicio, temes a Dios? En nosotros se cumple la justicia, pero éste nada malo ha hecho. Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino’. Él le dijo, ‘En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso’”. (Lucas 23:33, 39-43)

Todos en esta vida, tenemos que cargar con una cruz. Y verdaderamente, vaya que a veces, ¡cómo pesa nuestra cruz! ¡Cómo duele nuestra cruz! ¡Cómo nos avergüenza! Algunas iglesias, haciendo proselitismo, invitan a la gente a dejar de sufrir, a ser felices. No obstante, Cristo mismo nos advirtió: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. La cruz es condición para ser cristiano. No hay otra salida. No hay escapatoria.

Pero vaya que pesa nuestra cruz. Y es que si no pesa, no es cruz. Si no duele, no es cruz. Esto no significa que Dios nos ha creado para el sufrimiento. Tampoco quiere decir que el cristianismo sea un camino de sufrimiento. Pero también es un hecho que quien lleva una cruz, eventualmente termina por ser crucificado.

Cristo no fue crucificado solo, sino con dos a su lado. ¡Cuánta tristeza y desgracia! Pero a la vez, ¡cuánta alegría y gozo! Uno de los dos crucificados desafía a Jesús, duda de él y le reclama. Le exige, “Si eres el Cristo, bájate de esa cruz y bájame a mí de la mía”. Arremete contra Cristo. Poco le falta para incluso culparlo de su propia cruz. Un hombre, presa de la amargura y la desesperación, hace de su cruz, una cruz de blasfemia, una cruz de perdición.

El otro, ciertamente crucificado por igual, padeciendo un dolor por igual en una cruz igual y a la misma distancia de Jesús crucificado que el otro. Para éste, su cruz es una cruz de Paraíso, una cruz de salvación. Crucificado al lado del Señor, asume su cruz y hace de ella bendición, arrepentimiento, conversión u oración. Y detrás de todo esto, reconocimiento del Dios que está clavado en una cruz como la de él: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. A lo que Jesús responde, “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Dos cruces al lado de Jesús. Para uno, una cruz de perdición. Para el otro, una cruz de salvación. La trilogía de la cruz. La trilogía de nuestra vida misma. Cada uno con nuestra cruz, crucificados al lado de Cristo crucificado. De nosotros depende hacer de nuestra cruz, una cruz de desesperación, blasfemia y perdición, o una cruz de fe, de alabanza y de santificación.

¡Apasiónate por nuestra fe!

Mauricio I. Pérez, un miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es un periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

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NOROESTE CATÓLICO – abril 2014

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

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