Te sientes triste esta Navidad?

Foto: M. Laughlin Foto: M. Laughlin

Cuando la melancolía nos enfría el alma en este tiempo

Los tiempos de Adviento y Navidad suelen ser hermosos. La alegría flota en el ambiente y la actitud de casi todos se vuelve mejor que nunca: somos más generosos, más tolerantes, más comprensivos, andamos por las calles con una sonrisa, con ilusión compramos regalos, decoramos nuestros hogares y anhelamos el momento de reunirnos con quienes más queremos para celebrar el nacimiento del Niño Dios.

La Navidad está cargada de buenos recuerdos. Inevitablemente, hay momentos en que nos invade la nostalgia, ese dolor placentero que se siente al evocar personas, lugares o momentos que fueron muy agradables, pero que ya no pueden ser. La nostalgia, aunque duele, es un sentimiento placentero.

Pero no siempre es así. Hay momentos de la Navidad, a veces fugaces y escurridizos en que, en vez de nostalgia, nos invade la melancolía. La tristeza recorre nuestras venas enfriando nuestro corazón y nuestro ánimo se viene por los suelos. Ciertos adornos, platillos, aromas y melodías nos roban la alegría. A mí, por ejemplo, desde niño, me ha puesto triste escuchar el villancico Noche de paz. No logro entender por qué, pero siempre me sucede.

En medio de la alegría general que distingue estas celebraciones, siempre hay alguien que lo está pasando mal. Tal vez seas tú. Puede ser porque has perdido una persona amada que ya no se sentará más a tu mesa. Puede ser porque has perdido el empleo y falta con qué comprar regalos y una cena. Puede ser porque alguien muy cercano a ti está en el hospital. Puede ser porque tú mismo te encuentras muy enfermo. Puede ser porque, hace poco, has sufrido una separación. Puede ser porque has tenido pleitos y rencillas que amargan esta noche divina. Puede ser porque has cometido un error de consecuencias irreparables. Puede ser porque tu soledad es muy grande. Puede ser porque las personas que más amas se encuentran lejos y te será imposible abrazarlas, celebrar junto a ellas, darles y recibir cariño. Con esa tristeza, surge la tentación de no querer celebrar la Navidad.

Pero no estás solo. Como cantara Luis Aguilé: “Hoy que estás lejos de tus amigos, de tu tierra y de tu hogar, y tienes pena, pena en el alma y no dejas de pensar; tú, que esta noche no puedes dejar de recordar, quiero que sepas que, aquí en mi mesa, para ti tengo un lugar. Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad”.

Ven a mi casa, que también es tuya y que te abre las puertas de par en par. Esta casa es nuestra Iglesia y en ella vamos a ser testigos del mayor portento que el Amor puede lograr. El Hijo de Dios mismo habrá de nacer en una cueva, para quedarse entre nosotros. Si la tristeza ha enfriado tu corazón, recúbrelo de paja y haz de él un pesebre, donde la Virgen Santísima, con sus benditas manos, pueda recostar a su bebé. Tu paja le dará calor y su presencia amorosa te dará en respuesta ese calor que tu alma necesita.

Si te sientes triste esta Navidad, ¡hoy más que nunca debes celebrarla! Porque, solo el Niño Dios, puede llenar tu corazón de aquello que le hace falta. Sostén en tus brazos al bebé Jesús. Tiene una sonrisa irresistible que es capaz de hacerte a ti mismo sonreír. Sus tiernas manos, que se mueven sin parar, acariciarán tu rostro y enjugarán tus lágrimas. Además, nacerá en Beth Lehem (la casa del pan) y será recostado en un pesebre (donde se alimentan los animales) porque vendrá al mundo para ser alimento que da vida eterna. No dejes de confesarte y comulgar en la Misa de Navidad para que el Niño Dios penetre hasta lo más profundo de tu alma y de tu corazón y te dé el consuelo que tanto necesitas.

¡Apasiónate por nuestra fe!

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Noroeste Católico – Diciembre 2019 

Mauricio I. Pérez

Mauricio I. Pérez, miembro de la Parroquia de Sta. Mónica en Mercer Island, es periodista católico. Su sitio web es www.semillasparalavida.org.

Website: www.semillasparalavida.org