¿Cómo puedo encontrar el sentido más profundo de la Navidad?

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P: Ahora que mis hijos han crecido, la Navidad no significa ya tanto para mí. ¿Cómo puedo encontrar gusto de nuevo por las fiestas?

R: Tu pregunta me hace pensar en la vieja canción de Glen Campbell, La Navidad es para niños. Pero en realidad, el nacimiento de Jesucristo es un misterio de fe que invita a una reflexión adulta y Madura.

Te invito a orar con la lectura del evangelio de la Misa de Gallo, tomado de Lucas 2,1-7. Presta atención a los detalles sutiles, que comunican realidades importantes y desafiantes, pero que solemos pasar por alto. Sn. Juan Crisóstomo describía el Evangelio como una pileta mágica en la cual un niño puede jugar con un elefante nadar. Así, sumerjámonos en las profundidades del pasaje de la Natividad escrito por Lucas para reflexionar sobre algunos mensajes importantes para nosotros, que aspiramos a ser discípulos maduros.

Primero, el nacimiento de Jesús no es un evento aislado en las colinas de Judea. Es un momento decisivo para el mundo entero, que afecta todos los niveles de nuestra sociedad, no solo nuestros sentimientos religiosos. Este mensaje es comunicado al situar el nacimiento de Jesús en el contexto del gobierno de César Augusto. Lo que sucede en Belén alcanzará Roma y todo lo que queda en medio.

No podemos limitar a Jesucristo. Nuestro Señor desea que su Reino se extienda en cada parte de nuestras vidas, incluyendo nuestras interacciones sociales, políticas, culturales y económicas.

En segundo lugar, se nos dice que no había sitio para ellos en la posada. En realidad, el vocablo griego kataluma no significa “posada”, sino más bien “lugar de hospitalidad”. Nuestro Señor nació en la fría oscuridad de un pesebre, no porque no hubiera habitaciones disponibles, sino porque el pueblo no acogió a la Sagrada Familia con compasión y hospitalidad. Este pasaje habla más acerca del rechazo, la desconexión y el desinterés ante la súplica de otros que acerca de una falta de escasez de hospedaje.

Este pasaje nos invita a reflexionar acerca de las muchas formas como somos indiferentes al sufrimiento de otros en el mundo, cerrando nuestros corazones y nuestras puertas a aquellos en necesidad, incluso de la forma que la gente de Belén lo hiciera con la Sagrada Familia aquella fría noche.

Tercero, se nos dice que María dio a luz a “su hijo el Primogénito”, y “lo envolvió en pañales”. Es importante que no leamos este pasaje como si dijera “el primero de sus hijos”. La estructura gramática en griego es bastante clara: “su hijo el Primogénito”. Esto porque “Primogénito” era un título de fe empleado al inicio para describir al pueblo hebreo (cf. Éxodo 4,22 y Jeremías 31,19) y después, para afirmar la divinidad de Jesús (cf. Colosenses 1,15.18; Hebreos 1,5-6; Apocalipsis 1,4-5). Llamar a Jesús el “Primogénito” es aceptar su divinidad.

Los pañales son importantes precisamente porque son una realidad cotidiana de todos los recién nacidos. Son un testamento de la humanidad de Jesús. Cuando se juntan, el “Primogénito” que es “envuelto en pañales”, es la forma poética como Lucas comunica la encarnación de Jesucristo, quien es verdadero Dios y verdadero hombre. Contemplar el rostro de Jesús es mirar la plenitud de Dios. Contemplaremos este rostro no solo en Belén, sino también en el Calvario.

En su nacimiento, vida, ministerio, muerte y resurrección, Jesús nos revela la verdadera persona de Dios. Como discípulos, seguiremos su guía para que seamos personas de Dios que permitan a nuestro Señor continuar su ministerio a través de nosotros en el poder del Espíritu Santo.

Por último, se nos dice que María lo recostó en un pesebre. Este detalle resulta crucial porque será repetido por los ángeles cuando la buena nueva del nacimiento de Jesús sea anunciada a los pastores (cf. Lucas 1,12). El pesebre es el lugar donde se alimenta a los ganados. Jesús se ofrece a sí mismo como alimento para el ganado. ¡Somos nosotros! Jesús se ofrece a sí mismo en cada Misa en la Eucaristía, donde el altar se convierte en nuestro pesebre. Lucas nos ha dicho dónde encontrar al Señor en la actualidad: la Eucaristía.

Espero que estas reflexiones te ayuden a vivir el Adviento y la Navidad como un discípulo maduro que encuentra a nuestro Señor en cada Misa.

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Noroeste Católico – Diciembre 2019

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.