¿Es la cuaresma tiempo de penitencia o arrepentimiento?

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Sorpresa: ¡Es tiempo de ambos! Y no solo durante cuaresma

P Oigo a algunas personas decir que la cuaresma es tiempo de penitencia, pero otros dicen que su propósito es el arrepentimiento. ¿Cuál es la diferencia? ¿No son lo mismo?

R Si tuviera que responder con una sola oración, diría que la cuaresma es tiempo para la penitencia y el arrepentimiento. Sin embargo, no son lo mismo. Veamos cada uno de estos conceptos y comprendamos cómo podemos beneficiarnos de practicarlos, no solo durante cuaresma, sino en nuestra vida cristiana entera.

Comencemos con el concepto del arrepentimiento, ya que hunde sus raíces con profundidad en el Nuevo Testamento y en la predicación de Juan Bautista y de Jesús. Para estudiar en qué consiste el arrepentimiento, debemos ver el Evangelio según San Lucas y los Hechos de los Apóstoles, ya que estos textos contienen la más grande proporción de apariciones en el Nuevo Testamento de los términos arrepentirse (34 por ciento) y arrepentimiento (50 por ciento). Este es uno de los temas principales de Lucas y ofrece un entendimiento hermoso para inspirar e informar nuestro discipulado. Pero no podemos comprender apropiadamente el arrepentimiento a menos que comprendamos primero también la conversión.

Lucas entiende que existen dos mociones distintas, aunque relacionadas, en la vida de discipulado: la conversión y el arrepentimiento. Lo más fácil sería comprender estos dos movimientos en términos de relaciones especiales.

Nueva dirección, nueva actitud

Imagina que estás de pie viendo en cierta dirección en particular. Todas tus esperanzas, energía, recursos, valores y prioridades están centrados en esa dirección. Luego un día Jesús irrumpe en tu vida en un momento de gracia y de pronto te das cuenta de la grandeza de la presencia del Señor, su amor y su misericordia. En ese momento, el centro de tu vida cambia al responder con aceptación y compromiso a la revelación de Dios mismo en Jesús. Lo que acabo de describir es el momento de la conversión. Literalmente, un cambio en tu vida hacia una nueva dirección acompañado de una reorientación y un cambio de enfoque en tus valores, prioridades, energía, esperanzas y demás.

El momento de la conversión es en realidad el inicio de una relación de confianza con Dios, pero un inicio muy importante.

El arrepentimiento ocurre tras la experiencia de la conversión. Arrepentimiento es la traducción del griego metanoia y significa literalmente “cambiar de actitud”. Volviendo a nuestra imagen especial, podríamos decir que una vez que cambiamos nuestra vida hacia Dios en un acto de aceptación y compromiso, enfrentamos entonces los muchos cambios que deben suceder en nuestra vida para que pueda conformarse a Cristo mismo. Literalmente, debemos adoptar la “mente de Cristo”, como dice Sn. Pablo. (1 Corintios 2,16) Eso significa que necesitamos repensar la forma en que hemos venido enfrentando la vida y cambiar nuestra actitud para interpretar el mundo y nuestra experiencia desde la perspectiva de Dios. Este es el cambio de actitud – el arrepentimiento – que Jesús nos enseña en su vida, ministerio, muerte y resurrección.

Nos acercamos más al Señor cada vez que nos soltamos de un falso valor o de una prioridad desordenada y aceptamos las enseñanzas de Jesús y los valores del Reino de Dios. El arrepentimiento pues, es lo que nos acerca an una comunión más profunda con Jesús cada día al tiempo que crecemos en nuestra identidad cristiana como miembros de su cuerpo místico. ¡Es muy hermoso el arrepentimiento! Es un proceso que dura una vida por el cual llegamos a pensar como Dios piensa y a actuar como Dios actúa. El arrepentimiento es sumergirse en las aguas refrescantes de la misericordia de Dios y la confirmación de la efectividad de la redención de Cristo.

Cada ocasión es el momento preciso para arrepentirnos. No solo en la cuaresma.

Libertad del pecado

Una parte del arrepentimiento es la práctica de la penitencia. Verás, al ir acercándonos a Cristo al responder a la gracia del Señor, estudiar su palabra y nutrirnos con los sacramentos, comenzamos a darnos cuenta de lo apegados que estamos al pecado. Este apego puede estar basado en un hábito, adicción, debilidad, susceptibilidad situacional o cualquier cantidad de cosas. Nos damos cuenta de que existe una presencia de pecado enferma y espiritualmente destructiva en nuestras vidas. Es entonces que la penitencia se vuelve importante.

La penitencia es la práctica de corregir la vida, un acto virtuoso, restitución, reparación y fortalecimiento espiritual que nos permite crecer en la libertad de un pecado en particular por la gracia de Dios. La penitencia puede implicar ayunar, evitar las ocasiones próximas de pecado, modificar la vida, una dedicación adicional a la oración u otros actos de autodisciplina. La penitencia es el medio agraciado de la libertad a través del crecimiento en la autodisciplina. Jesús mismo identificó el poder liberador de las practicas de penitencia cuando dijo que algunas tendencias malignas solo pueden superarse con el “ayuno y oración”. (cf. Mateo 17,21 y Marcos 9,29)

La cuaresma es un tiempo en que nos enfocamos con intensidad en nuestra necesidad de conversión, arrepentimiento y penitencia, pero no es el único tiempo en que debemos experimentar estas mociones del espíritu. Tal vez acogiendo cada una de ellas en una forma nueva esta cuaresma podamos decidir buscarlas de forma intencional para siempre.

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Noroeste Católico - Marzo 2018

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.