Logo
Print this page

¿Por qué instituyó el papa una nueva fiesta para María?

Foto: CNA Foto: CNA

La veneración de María, Madre de la Iglesia, tiene raíces antiguas

P: Escuché algo acerca de una nueva fiesta mariana en mayo. ¿Cuál es su historia?

R: El 11 de febrero de 2018, el Papa Francisco emitió un decreto estableciendo la fiesta de María, Madre de la Iglesia, a celebrarse cada año el domingo siguiente a Pentecostés (21 de mayo este año).

Aun cuando esta fiesta universal es nueva, la veneración a María como Madre de la Iglesia tiene raíces antiguas. El Papa Francisco ha simplemente reconocido de forma oficial algo que la Iglesia ha creído desde los tiempos de los apóstoles. Miremos en el tiempo algunos de los momentos históricos claves para comprender mejor las gracias que el Papa Francisco espera que recibamos a través de esta nueva celebración universal.

Jesús mismo dio a María un ministerio especial en la Iglesia y una relación particular con todos los cristianos como discípulos de su Hijo, como podemos ver en la Escritura.

En el Evangelio de Lucas, María es presentada como la discípula ejemplar que “escucha la palabra de Dios y la observa”. (Lucas 11,28; Cf 1,38. 45) Lucas también relata cómo María la discípula se vuelve María la misionera cuando parte apresurada a visitar a Isabel tras la Anunciación. (1,39-45) A través de su fiel obediencia y su celo apostólico, María nos da un buen ejemplo a seguir.

En el Evangelio de Juan, María es presentada en dos momentos importantes de la vida y ministerio de Jesús: las bodas de Caná y la crucifixión. (Juan 2,1-19; 19,25-27)

En las bodas de Caná, María demuestra su preocupación por la pareja intercediendo ante su Hijo en nombre de ellos. Su irremediable confianza en el poder de la palabra de Jesús quedó capturada en su declaración de fe: “Hagan lo que Él les diga.”

En la crucifixión, Jesús confía a su madre el Discípulo Amado (“He aquí a tu madre”). Esto representa el don que perdura de la madre de Jesús para todos los discípulos. Nuestro Señor entonces “entregó el Espíritu” a toda la Iglesia presente al pie de la cruz. (19,30) El Espíritu de Jesús que habita en los corazones de todos los discípulos pueden en verdad llamar “Madre” a María y ella puede ver en todos los discípulos el Espíritu de Jesús y llamarlos “hijos”. El Papa Francisco nos enseña que es este el momento que sirve de fundamento para esta relación duradera entre María y la Iglesia.

Los discípulos pueden responder a este gran don de Jesús al recibir a María como hizo el Discípulo Amado. En Juan 19,27, se nos dice que “desde esa hora el discípulo la recibió en su casa.” Esto significa mucho más que solamente brindar a María una habitación en su casa. En realidad, quiere decir que el discípulo la acogió en sus pensamientos, decisiones y asuntos ordinarios (el vocablo griego que traducimos como casa – idia – nos da en español la palabra idea, que significa algo diferente de la estructura física de una casa). El discípulo aceptó a María como parte de su mundo entero.

¡Esta es una respuesta poderosa! Y es la respuesta que Jesús quiere que demos todos.

La identidad y el ministerio de María como Madre de la Iglesia es ejemplificado y fortalecido ulteriormente en los Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice que ella estaba orando con los apóstoles en el cenáculo y estuvo presente cuando el Espíritu Santo descendió en Pentecostés y la Iglesia comenzó su misión. (Hechos 1,14; 2,1)

Debido a los ministerios multiformes en la tarea de la salvación que Jesús dio a María, varios papas se han referido a ella con términos tales como: Madre de los Discípulos, Madre de los Fieles, Madre de los Creyentes y demás. Durante el Concilio Vaticano II en 1964, el Papa Pablo VI declaró formalmente que María es Madre de la Iglesia.

María se entiende de forma más auténtica en relación con su Hijo, Jesús. Ella es enviada por su Hijo para consolarnos con el mismo cuidado que tuvo con Él cuando lo cargó en sus brazos siendo un bebé en Belén y después al Señor crucificado al ser bajado de la cruz. Ella intercede constantemente por nosotros ante su Hijo para que podamos recibir gracia y misericordia en tiempos de necesidad. Ella siempre nos conduce a su Hijo y nos muestra cómo vivir como discípulos misioneros.

Jesús deseaba que María tuviera esta relación con nosotros a lo largo de la vida de la Iglesia, por lo que nos dio a su madre desde la cruz. Es cosa nuestra aceptar esta relación y su presencia en nuestra vida diaria para poder experimentar en plenitud el ministerio lleno de gracia de su oración y su ejemplo.

Como indica el Santo Padre en su decreto, “Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.”

¡Gracias, Papa Francisco! María, Madre de la Iglesia, ¡ruega por nosotros!

Read the English version of this column.

Noroeste Católico - mayo 2018

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.

Northwest Catholic. All Rights Reserved.