¿Por qué la iglesia celebra a santos desconocidos que no son relevantes para nuestro mundo de hoy?

La iglesia celebra los santos no solo por lo que hicieron hace mucho tiempo, sino porque su ejemplo continúa siendo relevante para nuestra vida hoy en día. Incluso si vivieron hace 2.000 años, el don de fe es atemporal, y también lo es la amistad con Jesús.

Por ejemplo, San Jerónimo. Aunque ha muerto 1.600 años atrás –cumplidos este mes– continúa influenciando nuestra vida diaria, lo sepamos o no.

Jerónimo vivió en una sociedad que necesitaba un nuevo lenguaje de fe. La mayoría de las personas en su zona hablaban una forma común de latín, mientras que la lengua predominante de la fe, especialmente en las Escrituras, era todavía el griego.

Inspirado por esta necesidad, Jerónimo aceptó un mandato del Papa Dámaso I de traducir las Escrituras en el lenguaje de la gente — una tarea que le llevo la mayor parte de su vida adulta y que requería que dominara el griego y el hebreo bíblicos.  

Solo piensen en cuánta gente hoy en día necesita escuchar el mensaje de fe de una forma que puedan entender. Lo que Jerónimo hizo por los cristianos de los siglos cuarto y quinto, necesitamos que las personas hagan por nuestro mundo de hoy. Jesús es eterno — ayer, hoy y para siempre — pero transmitir el mensaje de Jesús requiere los medios y métodos apropiados de acuerdo a las varias circunstancias. Jerónimo nos muestra cómo el fervor apostólico y la santidad personal verdaderos pueden motivarnos para encontrar una forma de compartir a Jesús con los demás.

Si visitan la Basílica de San Pedro en Roma, podrán notar que San Juan XXIII está ahora sepultado en el altar debajo de una imagen muy grande en mosaico, titulada La última comunión de San Jerónimo. Ambos hombres, en su propio tiempo y a su propia manera, hicieron que el lenguaje de la fe sea accesible a la gente — Jerónimo a través de la traducción de las Escrituras, y Juan XXIII a través de la reforma de la liturgia y del aggiornamento de la iglesia en el Concilio Vaticano II.

Como discípulos de Jesús, debemos seguir los ejemplos de San Jerónimo y de San Juan XXIII y continuar trabajando para hacer que la fe sea comprensible para las personas que encontramos hoy en día. Esto no significa diluirla ni cambiarla, sino tomarse el tiempo y hacer el esfuerzo de traducirla para que ellos la puedan entender en plenitud y verdad. Las personas tienen el deseo y el derecho de encontrar a Jesucristo como la Palabra de Dios encarnada y de conocer, amar y servir al Señor.

Jesús vino para que Dios pueda hacerse conocer al mundo, y él nos ha enviado a nosotros para continuar esa misión. Seremos fieles a este encargo del Señor cuando nosotros, como San Jerónimo, traduzcamos el Evangelio a un lenguaje creíble y comprensible a través de una vida de discipulado santa y devota.

Celebramos a San Jerónimo cada año el 30 de septiembre, porque ese es el día en que nació a la vida eterna. Su ejemplo de santidad, discipulado y fervor misionero continúa siendo un modelo instructivo e inspirador para nosotros en nuestro tiempo.

Noroeste Católico - Septiembre 2020

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.
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