¿Por qué llamamos a María ‘Madre de Dios’?

P: ¿Por qué la Iglesia Católica llama a María “Madre de Dios”? ¿Cree usted que la Iglesia cambiará este título alguna vez por “Madre de Jesús”?

R: Hay ocasiones en que la Iglesia formaliza una forma nueva de referirse a María. Justo este año, el Papa Francisco formalizó el título de “María, Madre de la Iglesia”. Tales formalizaciones pretenden profundizar y aclarar nuestra comprensión de la fe. Las proclamaciones de títulos suelen no hacerse si acaso pudieran conducir a entendimientos ambiguos o superficiales de la fe.

Muchos concilios ecuménicos convinieron de forma específica en resolver tal ambigüedad, en especial con relación a Jesús y María.

El título “María, Madre de Dios” es un buen ejemplo de la forma en que los obispos convinieron proceder en un concilio ecuménico bajo la guía del Espíritu Santo para articular y proclamar la fe correcta. Veamos algunas de las controversias históricas y teológicas que llevaron a esta gran aclaración en el Concilio de Éfeso en 431.

El título “Madre de Dios” no se creó en el concilio. Ya había sido usado por los cristianos (por ejemplo, en la liturgia siria de Addai y Mari y en la anáfora de Santiago) para referirse a nuestra Madre Santísima como aquella en quien y de quien el Hijo eterno de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, se hizo carne y habitó entre nosotros. (Cf Juan 1,14)

Sin embargo, había algunos en la Iglesia primitiva que no pensaban que fuera correcto emplear este título. Ellos creían que María era solo la madre de la naturaleza humana de Jesús y no de su naturaleza divina. Así pues, solo se referían a María como la Madre de Cristo (Christotokos), pero no como la Madre de Dios (Theotokos). Un antiguo líder de la Iglesia en Constantinopla, llamado Nestorio, era promotor de esta enseñanza, por lo que aquellos que promovían su postura eran llamados nestorianos. Afirmaban que María podía ser llamada solo Madre de Jesús. Aun cuando el título “Madre de Jesús” puede usarse cuando es entendido correctamente, su uso erróneo por los nestorianos hace de este una designación que puede ser poco clara para nuestra Madre Santísima.

Los obispos que se congregaron en el Concilio de Éfeso afirmaron la unidad inseparable de las naturalezas divina y humana de Cristo desde el momento de la concepción de Jesús, y que, debido a la naturaleza divina presente en el niño Jesús aún no nacido, María podía ser debida y correctamente llamada Theotokos, que significa literalmente “Portadora de Dios” pero que es más comúnmente traducida como “Madre de Dios”. (Para ser claros, los padres conciliares no estaban sugiriendo que María fuera la fuente de la naturaleza divina de Jesús, lo cual sería una equivocación).

La cuestión con la Theotokos tenía en realidad más que ver con Jesús que con María, en concreto, la inseparabilidad de sus naturalezas humana y divina desde el momento de la concepción. Este es un principio importante que recordar: cualquier estudio auténtico de María (o mariología) está necesariamente conectado al estudio de Jesús (o cristología). María existe en relación con Jesús y debe siempre ser entendida en el contexto de esa relación.

La Iglesia Católica celebra esta gran aclaración de fe cada año el 1 de enero con la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, que es fiesta de guardar.

Había otros grupos cristianos primitivos que enseñaban ideas falsas similares acerca de las naturalezas divina y humana de Jesús. Por ejemplo, los adopcionistas creían que Jesús había sido “adoptado” domo Hijo de Dios Padre en cierto momento de su vida y así “se hizo” Dios, pero no desde el momento de su concepción. Los arrianos decían que el Hijo de Dios había sido creado en algún punto de modo que el Hijo no era igual que el Padre. Los docetas creían que Jesús era solo espíritu y no tenía cuerpo humano. Obviamente todos estos errores al comprender a Jesús conducirían a errores para comprender a María también.

Un himno antiguo de Sn. Efrén declara, “Por su poder, el seno de María fue capaz de llevar a Aquel que lo soporta todo”. Que, al profundizar en los misterios de este tiempo de Navidad, podamos pedir la gracia del Espíritu Santo para que nos ayude a comprender más plenamente el maravilloso don de Dios en Jesús y a siempre honrar a María por su relación con nuestro Señor. También deberíamos pedir que, como María, también encontremos siempre nuestra verdadera identidad en nuestra relación con Jesús el Verbo eterno que se hizo carne en el seno de la Virgen María.

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Noroeste Católico – Diciembre 2018

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.