¿Pretendía Jesús iniciar una iglesia?

Foto: Stained glass window depicting Pentecost, Slupsk, Poland Foto: Stained glass window depicting Pentecost, Slupsk, Poland

P: ¿Dónde surge el concepto de una “iglesia” entre Jesús y los apóstoles? No recuerdo escuchar acerca de “Iglesias” en la historia judía y me pregunto si Jesús pretendía iniciar una nueva iglesia o si su primera intención era reformar la fe judía.

R: No debería sorprendernos que la palabra iglesia no aparezca en el Antiguo Testamento o que aparezca solo en dos pasajes en los Evangelios (Mateo 16,18 y 18,17) Esto se debe a que la palabra iglesia es una traducción del griego ecclesia que significa “los que son llamados”. El Antiguo Testamento fue escrito principalmente en hebreo y no existe una palabra hebrea para “iglesia”. No obstante, encontramos en realidad que a través del Antiguo Testamento Dios llamó a un pueblo en particular de entre el resto de la humanidad para ser suyo. Este fue el pueblo hebreo esclavizado en Egipto.

Esta elección divina ocurrió de forma definitiva cuando las doce tribus de Israel se unieron mediante la alianza Shechem formándose el primer Pueblo de Dios. (Cf. Josué 24) Pasajes como Éxodo 24 y Deuteronomio 8 dejan muy claro que Dios continuó llamando y formando un pueblo en particular para ser suyo en el mundo. Aquellos que fueron llamados estaban obligados a responder con una vida conforme a la voluntad de Dios y con una pureza de culto que no les permitía ídolos ni dioses falsos. Esta relación quedó sellada con una alianza.

Esto demuestra la intención continua de Dios desde todos los tiempos de establecer una relación intensa con la humanidad que involucra un compromiso y obligaciones mutuas. Los Diez Mandamientos fueron dados como parte de esta relación de alianza en desarrollo con el Pueblo de Dios. Podríamos incluso afirmar que es esta la razón específica por la cual Dios creó a la humanidad, para conocer, amar y servir al Señor en esta vida y estar con Dios en la vida eterna.

En el Antiguo Testamento leemos cómo el Pueblo de Dios falló repetidamente en su observación de los mandamientos de Dios tanto en la forma como se trataban entre sí y en la pureza de su culto. Por esta razón, Dios envió a los profetas a llamar al pueblo de vuelta a su fidelidad a la alianza. Aun en tiempos en que la mayoría de las personas fallaban en su relación de alianza, siempre había unos pocos fieles que perseveraban en la relación correcta con Dios. Estos pocos eran llamados el resto fiel (también los pobres, los pequeños, en hebreo anawim).

Mediante el profeta Isaías el pueblo comenzó a comprender que Dios deseaba la salvación de todo el mundo y no de una sola nación (Cf. Isaías 49,6). El Pueblo de Dios sería el instrumento por el cual los pueblos serían llamados al culto verdadero y a la correcta relación con el Señor. El profeta Jeremías anunció más Adelante que un día Dios establecería una nueva alianza con su pueblo, una que sería más grande que la alianza establecida con Moisés. (Cf. Jeremías 31,31-34)

El Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento es el origen de la iglesia del Nuevo Testamento. El ministerio de Jesús comenzó inicialmente dentro del judaísmo en un esfuerzo por aclarar lo que Dios desea de nosotros acerca de nuestra relación entre nosotros y con el Señor. Al principio del ministerio de Jesús, sin embargo, se dio cuenta de que la mayoría del judaísmo no respondía a su mensaje. De hecho, la oposición a las enseñanzas y acciones de Jesús motivaron a los líderes del judaísmo a buscar su muerte al principio de las historias de los Evangelios. (Cf. Marcos 3,6) Jesús respondió a este rechazo llamando a los 12 apóstoles. (Cf Marcos 3,13-19; Mateo 5,1; Lucas 6,12)

Es este acto de llamar a los Doce lo que demuestra la intención de nuestro Señor de continuar su intensa revelación de la voluntad del Padre a través de un resto fiel. El simbolismo de elegir a 12 discípulos resulta una conexión obvia con las 12 tribus del Antiguo Testamento.

Jesús continuó revelando la voluntad de Dios para la humanidad con su ministerio, sufrimiento, muerte y resurrección. Como parte de su ministerio, dedicó tiempo y esfuerzo especial a formar a los Doce. También cumplió la profecía de Jeremías estableciendo una nueva (y eterna) alianza con su propia sangre eucarística en la Última Cena.

Así como Dios había “llamado” a las 12 tribus a ser un pueblo particular de su propiedad, ahora Jesús “llamaba” a los 12 discípulos de las 12 tribus a vivir en una relación con Dios aclarada, purificada y profundizada.

La Iglesia es, entonces, el nuevo Pueblo de Dios.

Jesús dio el Espíritu Santo a aquellos que eran suyos (la Iglesia) para preservarnos en la fidelidad hasta que vuelva. La Iglesia que Cristo instauró es descrita en el Nuevo Testamento con varios términos tales como el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12,27), edificio espiritual (1 Pedro 2,5), novia de Cristo (Efesios 5,22-23), familia de Dios (1 Timoteo 3,5), el rebaño (1 Pedro 5,1-5) entre otros. Cada una de estas designaciones nos recuerda que siempre hay una iniciativa divina y una respuesta humana en la Iglesia.

Durante el ministerio de los Apóstoles vemos la estructura misma de la Iglesia y la maduración de la celebración de los sacramentos. También vemos que existen cuatro características permanentes que siempre están presentes en la Iglesia que Cristo fundó. Estas son llamadas las cuatro cualidades “indelebles”: unicidad (una), universalidad (católica), santidad y fundación sobre las enseñanzas de aquellos que tuvieron de primera mano el conocimiento de Jesús (apostólica).

Estas cuatro características indelebles de la Iglesia de Cristo subsisten plenamente (y solo plenamente) dentro de la Iglesia Católica que continúa llevando a cabo su misión designada divinamente para ser sacramento de salvación para el mundo.

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Noroeste Católico – Enero/Febrero 2019

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.