¿Qué significa estar en verdad agradecido?

Foto: James Tissot, Healing of the Lepers at Capernaum/WikiArt Foto: James Tissot, Healing of the Lepers at Capernaum/WikiArt

P: Quisiera hacer más este Día de Acción de Gracias además de ir a Misa con mi familia. ¿Cómo puedo hacer que esta fiesta tenga un sentido más espiritual?

R: Asistir a Misa es siempre una forma grandiosa de hacer un día santo de una fiesta, así que en definitiva continúa incluyendo la Eucaristía en tus planes. Pero más que agregar algo a un tiempo de por sí ajetreado, puede ser de ayuda reconsiderar qué significa ser agradecidos.

Una de las pocas veces que vemos a alguien expresando agradecimiento a Jesús en los Evangelios es cuando el leproso samaritano regresa para darle gracias al Señor. (Cf Lucas 17,11-19)

Mientras que diez leprosos fueron curados, solo el samaritano reconoce que la salud que ha recuperado procede de Jesús. Este pasaje ilustra cómo la mayoría de las personas fallan en reconocer los dones como procedentes de Dios. No somos agradecidos por aquello que pensamos que merecemos. Los otros nueve leprosos estaban felices sin duda por ser sanados, pero quizás fallaron en reconocer la sanación como un don de Jesús. Tal vez pensaron que sus propios méritos habían restaurado su salud, o bien, que se habían ganado la misericordia de Dios.

El primer paso en profundizar en nuestra gratitud es saber que hemos sido bendecidos y que ninguno de nosotros merece esas bendiciones, además de que Dios no nos las debe. El segundo paso es dar gracias al Señor por su misericordia generosa. Todo es un don y Dios es su fuente.

El tercer paso de la gratitud auténtica consiste en darnos cuenta de nuestra incapacidad para ser recíprocos al don que hemos recibido y concentrarnos entonces en la intención de quien lo ha dado. Este es el centro de la virtud de la gratitud, según Sto. Tomás de Aquino. Tal vez el más difícil a la vez que el más necesario. El samaritano lo hace colocando su vida a los pies de Jesús rindiéndole honor. Recibió el don de la salud de Jesús y ahora coloca el don a los pies de nuestro Señor para ser guiado por Él. El leproso samaritano ofrece, literalmente, su vida a Jesús para hacer la voluntad del Señor.

Muy a menudo, no logramos siquiera considerar este tercer y final paso de gratitud auténtica. Podemos contar nuestras bendiciones e incluso agradecer al Señor por ellas, pero rara vez ofrecemos a Dios nuestras vidas en un acto de adoración agradecida.

La palabra gracias (thanks) en inglés proviene de hecho, de la palabra pensar (think). Esta conexión etimológica significa que no podemos ser agradecidos, a menos que lo “pensemos” o seamos conscientes de ello. No es la falta de bendición lo que nos hace desagradecidos sino más bien la falta de conciencia.

Cuando somos conscientes de que todo es un don de Dios y respondemos ofreciendo cada don para ser usado según la intención del Señor, entonces vivimos la gratitud de los discípulos fieles y maduros. El don último que hemos recibido de Dios es que envió a su Hijo para ser nuestro Salvador. Celebramos este, el más grande don de Dios, en la Eucaristía (de los vocablos griegos eu, que significa “bueno” y charis, que significa “don”). Es en la Misa que ofrecemos nuestras vidas al Padre como expresión de nuestra gratitud por tan gran don. No hay mejor forma de dar gracias que asistiendo a Misa.

Aun las dificultades y sufrimientos nos son dados para nuestra salvación. Por ello, Sn. Pablo exhortaba a los cristianos de Tesalónica a dar gracias al Señor por todo. (Cf 1 Tesalonicenses 5,18) Es fácil reconocer las experiencias placenteras como bendiciones, pero Jesús nos recuerda que aun las persecuciones son una experiencia bendita. (Cf Mateo 5,11-13) Sn. Pablo señaló su propio encarcelamiento, sus enfermedades y su flagelación como bendiciones por las cuales dar gracias a Dios. (Cf 2 Corintios 7,7-15)

Este noviembre, contempla en oración estos tres pasos necesarios de la gratitud cristiana. Entonces, participarás de la Santa Misa con tu familia en Acción de Gracias. Puedes hacerlo con la misma fe salvífica de la que dio testimonio el samaritano leproso.

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Noroeste Católico – Noviembre 2019

Bishop Daniel Mueggenborg

Daniel Mueggenborg is an auxiliary bishop of the Archdiocese of Seattle. Send your questions to editor@seattlearch.org.