Los pliegues de nuestro corazón. ¿Quién lo comprenderá? 

“Señor, tú me examinas y me conoces; sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento penetras desde lejos. Yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente. Examíname, oh Dios, mi corazón conoce, pruébame, conoce mis desvelos; mira no haya en mí camino de dolor, y llévame por el camino eterno.” (Salmo 139,1-2;14;23-24)

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