Virgen Madre – ¡Qué asombroso sacramento!

La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios está con nosotros.” – Isaías 7,14

Los sacramentos son signos para ser vistos y entendidos por sí mismos, sin necesidad de explicaciones. Solo Dios mismo podía haber inventado un signo tan contradictorio como una Virgen-Madre.

Hace algunos años, una amiga mía, madre de varios niños, ferviente católica y sin mucha instrucción escolar, recibió en la puerta de su hogar la visita de un hombre de una iglesia evangélica. Haciendo proselitismo, le argumentó: “Señora, usted tiene hijos; usted sabe que no se puede ser virgen y madre al mismo tiempo, así que: ¿cómo puede creer que María la madre de Jesús permaneció virgen?”

Mi amiga, sin tardanza, solo replicó: “Si Dios es todo poderoso, como usted y yo creemos, entonces también creo que, si Él quiere, aun usted siendo hombre, puede dar a luz a un bebé aquí ahora”. El hombre dio media vuelta y se marchó sin más que decir ante la fe de esa mujer.

El primer día del año, los creyentes celebramos a María, como Madre de Dios y Madre nuestra. El poder inmenso de Dios y la fe inquebrantable de María inventaron este signo que se entiende al contemplarlo. ¿Existe algo más fecundo que el amor virginal, que se entrega y fusiona totalmente con su único amado? ¿Puede existir algo más puro que el amor de una madre sosteniendo contra su pecho a su bebé? Los antiguos padres de la Iglesia comparaban la fecunda virginidad de María como un rayo de luz atravesando un cristal sin hacerle ningún daño, pero aumentando el calor al traspasar la nitidez. Ese es el calor divino que ha hecho fecunda la humanidad de María, perfeccionando su humana limitación, porque nada hay imposible para Dios.

A lo largo de los siglos de cristianismo, miles de mujeres y hombres, imitando a María virgen, se han hecho fecundos ante el mundo. Engendrando nuevas expresiones de justicia, perdón, ternura, fraternidad, pureza y libertad total, en todas las lenguas y para todas las culturas. En una consagración de cuerpo y alma a su único y total amor: Dios. Esa virginidad fecunda ha traído calor al mundo en lugares donde el frío del individualismo, sensualismo o la lujuria helaban los corazones haciéndolos estériles. Esa virginidad ha engendrado millones de hijas e hijos para Dios, en el hermoso cuerpo de Cristo que es su Iglesia.

Que, al inicio de este año, el Espíritu Santo de Dios siga haciendo nuestras mentes, almas y corazones las fuentes donde broten nuevas aguas de virginidad fecunda y de maternidad virginal para que el mundo descubra la presencia amorosa del Todopoderoso. Esos sacramentos vivientes dejarán sin palabras a los más incrédulos.

María, la Virgen Madre, ha siempre atraído a millones a la fe y sin duda lo seguirá haciendo, hasta que todos seamos reunidos bajo su manto como sus preciosos hijos.

Deseo a todos un fecundísimo 2021.

Noroeste Católico - Enero/Febrero 2021

Obispo Eusebio Elizondo

Eusebio Elizondo, M.Sp.S., es obispo auxiliar de Seattle y vicario para el ministerio hispano.

Website: www.seattlearchdiocese.org
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