Encontrando a Dios en el silencio

Cuando era joven y, por esas cosas de la vida, me dejaban sola en casa, me encantaba sentarme en la casa silenciosa y prestar atención a los sonidos que escuchaba. Era extraño para mí que, incluso sin mis hermanas jugando o la televisión de mi bisabuela retumbando, la casa no estaba en silencio. Podía escuchar el zumbido del refrigerador y el sonido de los coches en la calle principal, poco más allá de la nuestra — hasta los crujidos de la casa.

Yo quería ir más allá de los sonidos para poder escuchar el silencio. Me preguntaba a qué sonaba el silencio y qué encontraría allí.

Recuerdo el marzo pasado, cuando el gobernador Inslee dio la orden de permanecer en casa, el silencio era aterrador. No había niños jugando en el parque, no había tráfico en la calle principal. Incluso extrañé el ruido de la construcción. Descubrí que el silencio me reconfortaba. Me gustaba la agitación, el movimiento. No era tan valiente como de niña ante el silencio.

A algunos el silencio les da miedo. Tenemos miedo de lo que pueda surgir en el silencio. ¿Angustia? ¿Rencor? ¿Tristeza?

En el Salmo 131, David canta:

He acallado mi alma
Como un niño destetado de su madre;
Como un niño destetado está mi alma.

Cuando David se sentó en silencio con Dios, se sintió como un niño que para de llorar porque está en los brazos de su madre. Cuando mis niños eran pequeños, yo también tenía ese poder. Ellos venían a mi si tenían algún problema, y se calmaban solo con ponerlos en mis brazos.

Cuando tenemos miedo del silencio, sería bueno pensar en Dios de esta forma. Dios es nuestro padre y quiere calmar la angustia, el rencor, la tristeza. Dios tiene el poder de hacerlo.

El año pasado, en medio del confinamiento, el aislamiento y la aflicción, decidí hacerme amiga del silencio. Sentí que no había otra que aceptarlo y hacer las paces con él. En el silencio, encontré a Jesús. Ahora el silencio se ha convertido en mi oración favorita.

Me faltan las palabras. A menudo. David canta de nuevo en el Salmo 65: “A ti en silencio te espera la alabanza en Sion, oh Dios”. En hebreo, dice: “Silencio es alabarte, Oh Dios”. Estoy contenta de escuchar esto, porque “Wow” o “Te amo” nunca bastan. Pero sentarse en presencia de Dios, llenarse de su presencia; no hay palabras para describir eso.

Yo sé que cuando me quedo quieta y reposo en la presencia de Dios, le puedo escuchar más claramente. Yo conozco su consuelo. Tengo una visión más clara de las cosas. Yo sé que Él me fortalece para seguir adelante. Le conozco mejor; yo sé que soy amada.

Henri Nouwen oró para que “se evite que el mundo llene nuestras vidas a tal punto de no dejar espacio para escuchar”. Que esta sea nuestra oración. Que nos sentemos en silencio y escuchemos.

Noroeste Católico - Enero/Febrero 2021 

Shemaiah Gonzalez

Shemaiah Gonzalez, a member of St. James Cathedral Parish, is a freelance writer with degrees in English literature and intercultural ministry. Find more of her writing at shemaiahgonzalez.com.
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Shemaiah Gonzalez, miembro de la parroquia de la Catedral de Saint James, es escritora independiente con diplomas en Literatura inglesa y Ministerio Intercultural. Puedes encontrar más de sus redacciones en: shemaiahgonzalez.com.