P: Tengo una pregunta que siempre he querido hacer a un sacerdote directamente, pero nunca lo he hecho. ¿Por qué no se casan los sacerdotes? Siempre he asumido que simplemente están demasiado ocupados y no serían esposos ni padres ideales debido a las exigencias de su vida sacerdotal. ¿Existen otras razones además de esto?

R: El don del celibato sacerdotal dentro de la Iglesia es precisamente eso: ¡un don tremendo! Es una respuesta libre y afirmativa a la invitación de Dios a amar de una forma especial. Es una invitación a tener un corazón amoroso que esté abierto y disponible para todos. No se debe ciertamente a cuan ocupado se está.

Para comenzar, es importante señalar dos cosas. Primero, desde los inicios del cristianismo, muchos varones y mujeres laicas — sin mencionar innumerables religiosas y hermanos — han permanecido célibes por el Reino de Dios, y esto continúa en nuestros días. Segundo, la disciplina del celibato sacerdotal dentro de la Iglesia Católica no es absoluta. Existen casos aislados de ministros anglicanos (y otros cristianos) que están casados y se convierten al catolicismo y que continúan sirviendo como sacerdotes. También las Iglesias católicas orientales en comunión con Roma admiten con frecuencia a varones casados al sacerdocio.

No obstante, la disciplina del celibato sacerdotal (el estado de abstenerse del matrimonio y de las relaciones sexuales) continúa siendo parte importante de nuestra tradición. Existen muchas buenas razones para esto además de que los sacerdotes sean demasiado ocupados. Miremos algunos pasajes de la Escritura.

Jesús dice “En la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo.” (Mateo 22,30) El celibato sacerdotal apunta a ese estado futuro de la resurrección en que simplemente daremos gloria a Dios por toda la eternidad.

Otro pasaje importante se encuentra en la Primera Carta de Sn. Pablo a los Corintios, donde Pablo establece el punto importante de que los hombres y las mujeres están preocupados por las cosas de este mundo en tanto que los célibes se preocupan por las cosas del Señor. (cfr. 1 Corintios 7,32-35) Incluso dice “Mi deseo es que todos fueran como yo” (es decir, célibes). (7:7)

Sn. Pablo veía con claridad el valor del celibato en su propia vida y deseaba que otros siguieran su ejemplo. La vida de celibato era para él una manera potente de seguir de cerca los pasos del Señor, quien fue célibe.

La Iglesia, desde antiguo, vio el valor del celibato para todo el clero y con el tiempo hizo de él una disciplina obligatoria para todos aquellos ordenados al sacerdocio. Uno de los primeros registros escritos en que la Iglesia ordena un estado esencial de celibato se encuentra en el canon 33 del Concilio de Elvira en el siglo IV. Prescribía que los obispos, presbíteros y diáconos debían abstenerse por completo de sus esposas y no tener hijos.

En el siglo XII, en el Segundo Concilio de Letrán, el celibato se convirtió en un mandato oficial y universal en la iglesia latina. Esta norma fue reafirmada en el Concilio de Trento en 1563.

Entonces, ¿por qué la Iglesia ha reafirmado el don del celibato como algo obligatorio para la vida sacerdotal a través de los siglos? Sn. Juan Pablo II dijo en cierta ocasión, “¡El mundo mira al sacerdote, porque mira a Jesús! Nadie puede ver a Cristo; ¡pero todos ven al sacerdote y a través de él les gustaría tener un atisbo del Señor!”

El don y la disciplina del celibato da a los sacerdotes un corazón y una voluntad enfocados que buscan servir al Señor y al pueblo de Dios de una hermosa forma nupcial. A través del celibato y la fidelidad al mismo, un sacerdote representa un signo importante y valioso de contradicción en nuestra cultura, comunicando a todo el Cuerpo de Cristo que busque primero el Reino de Dios y “todo lo demás les será dado”. (Mateo 6,33)

¡Que la bendición de Dios sea contigo hoy y siempre!

Padre Cal Christiansen es el pastor de la Parroquia de San Pio X en Mountlake Terrace. Envían sus preguntas para el Padre Cal a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. document.getElementById('cloak8285c0d4526a742d486635f814799766').innerHTML = ''; var prefix = 'ma' + 'il' + 'to'; var path = 'hr' + 'ef' + '='; var addy8285c0d4526a742d486635f814799766 = 'editor' + '@'; addy8285c0d4526a742d486635f814799766 = addy8285c0d4526a742d486635f814799766 + 'seattlearch' + '.' + 'org'; var addy_text8285c0d4526a742d486635f814799766 = 'editor' + '@' + 'seattlearch' + '.' + 'org';document.getElementById('cloak8285c0d4526a742d486635f814799766').innerHTML += ''+addy_text8285c0d4526a742d486635f814799766+''; .

Noroeste Católico – septiembre 2016