Recuerdo que hace más de 25 años cuando trabajaba en la Oficina de Vida y Familia de la diócesis, recibí una llamada de un consejero estaba hablando con una joven embarazada que estaba considerando abortar a su bebé. Como esta persona no hablaba español, le pasó el teléfono para que yo pudiera conversar con ella.

Así fue como pude hablar con Marta y ofrecerle ayuda y apoyo.

Durante más de una década, mi esposa y yo acompañamos a esta joven madre. Su bebé Rosita, nació y se convirtió en la alegría de su vida. Con el tiempo, Marta se mudó a otro estado y perdimos contacto, pero me llena de alegría pensar que en algún lugar, hay una mujer que continúa su vida junto a su hija, quien se convirtió en el mayor motivo de su esperanza.

Estamos en medio del tiempo de Cuaresma, un período que nos invita a hacer un alto en nuestras rutinas para enfocarnos en tres pilares espirituales: la oración, el sacrificio y la caridad.

Tal vez no tienes todavía un hábito constante de oración. Este tiempo puede ser una oportunidad para dedicarle un poco más de espacio a Dios en tu vida diaria.

Por ejemplo, al levantarte por la mañana puedes dar gracias a Dios por el don de un nuevo día. Camino al trabajo, tal vez puedas hacer una breve oración o escuchar música religiosa que edifique tu alma y te llene de paz, para que puedas ser luz para otros en tu trabajo y en tu comunidad.

A mí me toca con frecuencia llevar a mi hija a la escuela, y cuando vamos a mitad de camino siempre iniciamos una oración. Rezamos por las personas de nuestro círculo de amistades y familia que necesitan de nuestras oraciones, así como también por nuestros difuntos.

El Santo Rosario es también una herramienta espiritual muy poderosa. Si no estás acostumbrado a rezarlo, puedes comenzar con una sola década o reservar una noche a la semana para rezar el rosario en familia.

El padre irlandés Patrick Peyton, quien ha sido declarado “venerable” y está en camino a la santidad, promovió durante décadas el rosario familiar y es recordado por una frase muy conocida: “La familia que reza unida permanece unida.”

La Cuaresma también nos invita al sacrificio. Tradicionalmente los católicos se abstienen de comer carne los viernes, pero tal vez para algunos eso no representa un gran sacrificio. Siempre hay otras maneras de practicar el ayuno.

Por ejemplo, podríamos privarnos de comprar un café cada día y ahorrar ese dinero para ayudar a los más necesitados.

Finalmente tenemos la Caridad. Una sugerencia concreta es dividir nuestras ofrendas en tres partes: una para la parroquia, otra para la campaña diocesana y otra para ayudar a los más pobres del mundo.

Los obispos de Estados Unidos cuentan con una agencia humanitaria llamada Catholic Relief Services, a través de la cual la Iglesia ayuda a los más pobres en algunos de los lugares más remotos y necesitados del planeta.

El año pasado, la actual administración eliminó una gran parte de los programas de ayuda humanitaria internacional, y otros países también redujeron sus contribuciones. Como resultado, muchas comunidades alrededor del mundo enfrentan hambre, pobreza y un mayor riesgo de enfermedades.

En el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, Nuestro Señor Jesucristo nos recuerda que en el día del juicio seremos evaluados por cómo tratamos a los más pequeños y necesitados entre nosotros.

La generosidad debería ser parte de nuestra cultura católica de corresponsabilidad. Esto significa separar regularmente una parte de nuestros ingresos para compartir nuestras bendiciones con quienes más lo necesitan.

Pero para poder ser generosos primero debemos organizar bien nuestras finanzas, nuestro presupuesto y nuestros gastos, de modo que podamos reservar una parte destinada a la caridad.

A mí me gusta pensar en una fórmula sencilla: destinar aproximadamente un 70% de nuestros ingresos para nuestros gastos, 20% para el ahorro, y 10% para ayudar a los más necesitados, ya sea a través de nuestra parroquia, nuestra diócesis o de obras de caridad a nivel global como CRS.

Cuando organizamos bien nuestros gastos y tratamos de vivir de manera sencilla —sin la presión constante de comprar siempre lo último o lo más nuevo — descubrimos que hay mucho espacio para vivir con más oración, un poco de sacrificio y una abundante generosidad en nuestra caridad.

Recordemos siempre que hay más alegría en dar que en recibir.

\Me da mucha alegría el recordar a la joven Marta y a su hija Rosita, a quien mi esposa y yo pudimos ayudar por mucho tiempo, tal vez no podamos cambiar el mundo, pero podemos hacer la diferencia, una vida a la vez.

“Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me recibieron”. - Mateo 25,35

Silvio Cuéllar es un escritor, compositor de música litúrgica y periodista. Fue coordinador de la oficina del Ministerio Hispano y editor del periódico El Católico de Rhode Island en la Diócesis de Providence.